sábado, 1 de mayo de 2010

29 mil personas y un millón de mariposas

Todos los adjetivos, figuras retóricas, referencias literarias y anécdotas históricas de beisbol salen sobrando ante un personaje que usa todas esas herramientas en un día de trabajo. Con ustedes, damas y caballeros, Vin Scully.

Juan Carlos Plata


“La suya tal vez no sea la voz de Dios –no es lo suficientemente profunda, no espanta lo suficiente- pero seguramente es la voz del Cielo. Seguramente la voz de Vin Scully es la que se escucha cuando se termina la ascensión y se toca a la puerta. ‘Hola a todos,’ dirá la voz, ‘y tengan una agradable tarde donde quiera que se encuentren. Es un lindo día aquí en el cielo…’.”

Así inicia Dave Sheinin su artículo A legendary career that speaks for itself, publicado en el Washington Post el 5 de Julio de 2005.

Y prosigue:

“Aquí en la tierra, la Voz del Cielo todavía está viva tanto como un triple por el callejón de left-center y más accesible para más gente que nunca antes. Como muchos fanáticos del beisbol lo saben desde hace 56 años y muchos otros lo están apenas aprendiendo, el cielo en la tierra es un buen carro y un largo camino por delante, o un sillón acolchado y una cerveza fría, y Vin Scully narrando la acción, pintando cuadros con las palabras, aliviando almas.

Vincent Edward Scully nació el 29 de noviembre de 1927 en Nueva York, creció en el barrio de Washington Heights y estudió en la Universidad de Fordham, de la que se graduó en 1949 luego de pasar dos años en la Marina.

El propio Scully cuenta en el artículo In Vin veritas, de Richard Hoffer, publicado en Sports Illustrated el 8 de septiembre de 2008:
“Cuando era un niño vivíamos en un departamento de un quinto piso y teníamos un enorme radio con un mueble de cuatro patas, yo tenía 8 o 9 años y me metía debajo del aparato con una almohada, la imagen está un poco borrosa en la memoria, pero está perfectamente fija después de tanto tiempo, 75 años, tal vez un poco menos. No hacía diferencia alguna el evento deportivo del que se tratara.

”Los comentaristas tenían trucos para construir el drama, para capturar la inmediatez del momento. Se evitaba la puntuación, como si la más pequeña pausa le diera al radioescucha una excusa para cambiar de estación…y de pronto, la gente en el estadio se volvía loca y el ruido de la multitud venía y me inundaba. Era como agua saliendo de una regadera”.

Como es evidente, el joven Scully no necesitó orientación vocacional. Desde meses antes de su graduación escribió y envió una docena de cartas a estaciones de radio de toda la costa este de Estados Unidos solicitando trabajo.

Su primera experiencia, que duró apenas un par de meses, fue en una estación de Washington D.C., de vuelta a Nueva York buscó a Red Barber, en ese entonces director de deportes de CBS, y este le dijo que no había puestos disponibles y ni siquiera le aceptó una solicitud formal.

Ese otoño, CBS inició un programa de futbol americano colegial, Barber estaba al aire desde los estudios en Nueva York y contactaba por teléfono a los narradores para un resumen rápido y algunos minutos de narración en vivo y luego cambiaban de juego.

Un fin de semana un narrador que se encargaría de un juego en Boston se reportó enfermo y Barber no tenía a nadie disponible. Después de pensar en opciones, preguntó: ¿Quién era ese niño pelirrojo que vino a pedir trabajo? ¿Alguien recuerda su nombre?

Barber contactó a Scully a través de un profesor de la Universidad de Fordham y ese fin de semana Scully estaba helándose -literalmente- en el techo -literalmente- de Fenway Park narrando el juego entre Boston University y Maryland. Una semanas después volvieron a llamar para ofrecerle otro juego: Yes, sir, fue la respuesta.

Ese mismo año, Ernie Harwell, quien narraba los juegos de los Dodgers de Brooklyn, junto con Barber y Connie Desmond, recibió y aceptó una oferta para ser el cronista principal de los New York Giants y Barber propuso a Scully como su remplazo.

La agencia de publicidad que manejaba los anuncios tenían dudas sobre la inclusión del joven y Barber propuso mandarlo a los juegos de Spring Training para una prueba.

“Ahí estaba yo, 22 años, soltero, recién salido de la universidad y alguien me pedía que fuera al Spring Training de los Dodgers”, diría después el joven narrador.

El martes 18 de abril de 1950, la voz de Vin Scully se escuchó por primera vez en un juego de los Dodgers de Brooklyn, transmitiendo desde Philadelphia. Los Dodgers perdieron ese partido 9 carreras a 1.

Desde entonces a la fecha, Scully ha narrado alrededor de 9 mil 957 juegos de temporada regular de los Dodgers y contando.
En estos 60 años, Scully relató el primer campeonato de la franquicia, en 1955 con los siempre recordados Boys of Summer, se mudó de costa junto con el equipo en 1958, a Los Angeles, en donde los ha acompañado en cinco títulos más.

La primera casa de los Dodgers en la ciudad de los ángeles fue el Memorial Coliseum, un gigantesco estadio construido para futbol americano (que tenía el callejón de right-center más largo de las Ligas Mayores (440 pies), un jardín central que asemejaba más a un parque nacional (425 pies) y el jardín izquierdo más ridículo del que se tenga memoria (250 pies) y al que le cabían casi 100 mil espectadores.

Con los radios de transistores portátiles apenas salidos al mercado y con un estadio en el que desde la mayoría de los asientos era imposible distinguir un jonrón de un toque de sacrificio, los angelinos fundaron la costumbre de divisar el juego en vivo y asistirse de Vin Scully para que les dijera qué estaba pasando.

Ya en Dodger Stadium (un estadio construido ex profeso para beisbol) los miles de radios de transistores aumentan sustancialmente el volumen del ruido ambiental; Vin Scully, sentado en la cabina de transmisión –por cierto, hace unos años bautizada como “Cabina Vin Scully”- puede oír su voz viniendo de regreso hacia él desde la multitud.

Saber eso haría sentir orgulloso a cualquiera, se podría alardear con eso en el currículum. No señor, no conocen a Vin Scully. En el artículo de Robert Creamer The transistor kid, publicado en Sports Illustrated el 4 de marzo de 1964, Scully dice:

“Voy a decirte algo, eso te mantiene parado sobre los dedos. Cuando sabes que casi todo mundo en el parque está escuchándote describir una jugada que ellos mismos están viendo, es mejor que lo hagas bien. No puedes flojear y regresar después de haber perdido una pichada. No puedes hacer que no pasa nada luego de describir mal un jugada”.
Y mister Creamer detalla una anécdota de lo que podríamos llamar “el efecto Scully”.

“En esta misma temporada (la de 1964. Nota del metiche) un incidente reveló el vínculo que Scully tiene con sus escuchas: La Liga Nacional le dijo a sus umpires que fueran mucho más estrictos con la regla del balk, que decía que cuando haya hombres en las bases un pitcher tiene que detener por un segundo completo el curso de su movimiento de lanzar antes de tirar la bola hacia el home.

”Muchos pitchers violaban la regla sin intención y los umpires marcaban tantos balks que parecían cuervos en un campo de maíz. La liga eventualmente reculó y todo volvió a la normalidad, pero antes de que esto sucediera, una de las grandes crisis de la ‘Gran Guerra del Balk’ ocurrió en Los Angeles durante un juego entre los Dodgers y los Cincinnati Reds.

” Los Reds, los Dodgers y los umpires se vieron envueltos en una acalorada, ruidosa y larga discusión sobre si un pitcher se había o no detenido un segundo completo. El argumento seguía y seguía y arriba, en la cabina, Scully se veía obligado a seguir hablando. Revisó la regla del balk, los esfuerzos de la Liga Nacional para reforzarla, el número de balks marcados a la fecha en la temporada comparados con los de años anteriores, y más.

”Finalmente, con la discusión aún en curso en el campo, Scully llegó a la obvia pero intrigante conclusión de que un segundo es una medida de tiempo sorprendentemente difícil de medir. Le preguntó a la audiencia si alguna vez había tratado de medir un segundo con precisión. Y dijo: ‘Hey, intentemos algo. Tomemos prestado el cronómetro de nuestro ingeniero’… y con miles de espectadores mirando hacia la cabina de transmisión tomó un reloj y prosiguió. …‘Apretaré el botón del cronómetro y diré: ¡Uno!, cuando ustedes crean que ha pasado un segundo completo griten: Dos. ¿Listos? ¡Uno!
”Hubo una pausa momentánea y luego 19 mil voces gritaron: ‘DOOOOOS’. Los managers, los umpires, los jugadores, los batboys, los ballboys, todos se detuvieron y miraron alrededor, atónitos.

”Scully dijo al micrófono: ‘Lo siento. Sólo uno de ustedes contó correctamente. Intentémoslo de nuevo. ¡Uno!’ Y de nuevo un gran ‘¡DOOOOOS!’ recorrió Dodger Stadium y salió hacia todo Chavez Ravine. Los jugadores miraban fijamente hacia la cabina de transmisión, uno de ellos entró al dugout, tomó el teléfono, llamó a la cabina y preguntó: ‘¿Qué diablos está pasando?’

”La multitud inmensamente complacida consigo misma esperó pacientemente a que la discusión en el campo terminara”.

Además de su vínculo con los aficionados, Scully es probablemente la figura más amada y respetada del beisbol, y lo ha conseguido siendo todo un caballero. Aquí dos muestras.
Una semana después de la publicación del artículo de Robert Creamer en Sports Illusrated, en 1964, Scully envió una carta a la revista en la que narró dos de sus anteriores experiencias con publicaciones, ambas como jugador de beisbol en la Universidad: cuando conectó su primer y único jonrón, un fotógrafo del Bronx Home News estaba presente y publicó una foto de “una figura borrosa que de ninguna manera podía ser reconocida por sus parientes, con el siguiente pie de foto: Jim Tully anota luego de jonrón”. Y cuando, luego de un juego en el que había colectado tres hits y un ponche, en la nota relativa al juego, el New York Times sólo publicó su nombre al inicio del tercer párrafo: “Después de que Scully se ponchara...”

La carta termina diciendo: “Esto es un largo preámbulo para decirles a todos ustedes que todo ha sido reivindicado. Todos los conectados con la familia Scully les agradecen a todos ustedes y al señor Robert Creamer por un artículo tan bueno como el mejor que un hombre pudiera desear”.

Durante el Spring Training del año 2010, Scully sufrió un accidente en su casa. Un mareo lo derribó en el baño y tuvo que ser hospitalizado. Unos días después, de regreso al palco de transmisión del estadio de los Dodgers en Arizona inició su narración:
“Es tiempo del beisbol de los Dodgers –quizá su única frase característica-. Muy buenas tardes a todos ustedes donde quiera que estén. Quisiera tomar unos segundos para disculparme con todos y agradecerles por la preocupación que les he causado por mi accidente”.

Lo que los gringos llamarían un total class act, en castellano se diría del tipo que es todo un caballero.


De nuevo Richard Hoffer escribe:

“Los Dodgers ganan, los Dodgers pierden, Dodgers vienen, Dodgers van, pero una verdad se mantiene constante: Vin Scully –media centuria en el palco de transmisiones- se mantiene como el estándar dorado de la narración de beisbol.

”En una ciudad establecida para la transitoriedad, que es bien conocida por celebrar el cambio, hay poco espacio para instituciones locales. ¿Quién estaría interesado en hacer algo, la misma única cosa, por medio siglo? Alguien sin ambiciones, seguramente. O sin el talento para brincar de la ciudad e irse a la conquista del país entero.

”Pero aquí está Vin Scully, a sus 80 años (ahora tiene 82. Nota del metiche), con por lo menos un año más en su contrato, sigue narrando los juegos de los Dodgers (por lo menos la mayoría), no sólo por conformismo o como una reliquia, sino como un profesional a toda prueba, siempre encontrando la letra precisa para la tonada de la noche. El hombre ha hilvanado todas estas temporadas por sí mismo y ahora cuando uno dice Dodgers, lo que realmente quiere decir es Vin Scully, ¿Quién más? ¿Gary Scheffield? Ni siquiera Sandy Koufax.

”¿Cómo se explica esta perseverancia, esta identificación? El no puede hacerlo. ‘Yo no he hecho nada’, dice, dejando clara la distinción (que muchos de sus colegas ignoran) entre los protagonistas y él mismo, ‘Yo solamente he estado aquí sentado’.
”El beisbol es como es, y tiene largos espacios de tedio entre las grandes hazañas, ese es el tiempo en el que Scully revela su genialidad. Ha sido objeto de cordiales burlas por su erudición expuesta al aire, algún verso musical de Broadway, un poco de Shakespeare, algún hecho tan aparentemente irrelevante que uno puede ver a los aficionados en Dodger Stadium –hoy con sus audífonos puestos- voltear hacia el palco de transmisiones con cara de: ¿Qué demonios es eso?”

Pero el prestigio de Scully no se queda en los confines de Los Angeles, como lo ejemplifica el cronista de ESPN, Jon Miller, en una entrevista con Alex French, publicada en diciembre de 2009 en GQ Magazine.

“Nací y crecí en San Francisco y solía escuchar los juegos de los Dodgers –esperando que siempre perdieran- y recuerdo que pensaba ‘Caramba, ese tipo Scully es malísimo, entiendo porque trabaja en ese pueblo lleno de idiotas que es Los Angeles’. Pero estando en la universidad, estudiando periodismo, un día manejé de casa de mi abuela en Oregon a San Francisco, era de noche y busqué en el radio algo que me hiciera compañía. Encontré un juego de los Dodgers y escuché la transmisión completa.

”Vinny me mantuvo entretenido y recuerdo haber pensando que ese era el mejor cronista que podía existir. En toda la historia, pasada y futura.

”Él te pone en el parque de pelota, pinta esa pintura para ti, y desarrolla una historia que tiene la forma y el tiempo perfecto para cada momento. Tiene muchísimas anécdotas de cada jugador y sus orígenes, es capaz de retratarlos como seres humanos. Tiene un impecable sentido del juego y una grandiosa facilidad con el lenguaje, la habilidad para convertir una frase en algo que lo pone en otro nivel con respecto a los demás cronistas.

”El podría ser tu profesor de literatura en la universidad. De repente Shakespeare se puede aparecer en la transmisión, puede haber un poco de Moliere por aquí, un poco de Broadway por allá. Escuchas sus transmisiones por un periodo de tiempo y te das cuenta de lo culto que es.

”Vinny tiene 82 años y cuando piensas en quién es y cuanto es amado y respetado, la cantidad de trabajo que tiene que hacer para preparar una transmisión y la cantidad de energía que derrocha durante cada partido, eso, al final, sólo habla de cuánta pasión tiene por el beisbol y por su trabajo”.

Dave Sheinin cuenta otra anécdota reveladora:

“El cronista de beisbol Bob Costas fue presentado con el músico Ray Charles y ambos se enfrascaron en una conversación de beisbol.

”‘Ray me dijo: ‘¿Sabes a quién quisiera conocer? A Vin Scully. Para mí, la imagen no me dice nada, todo es sonidos, y su transmisión es casi musical. ¿Podrías presentarme a Vin?

”Así que lo llevé a Dodger Stadium. Vin apreció mucho el interés de Ray en conocerlo, pero Ray estaba realmente emocionado de conocer a Vin. Se podría decir que fue un momento álgido de su año, estaba muy conmovido”.

Al final de la temporada 2008, Vin Scully habló al aire de lo bien que el segunda base Jeff Kent estaba bateando y atribuyó su buen ritmo a que estaba bateando delante del recién adquirido Manny Ramírez. Al enterarse Kent de lo dicho por Scully declaró : “Todos queremos mucho a Vinny, pero a veces habla demasiado”.

Error gigantesco. Cuando dices que el hombre más confiable de Los Angeles –de acuerdo al Los Angeles Times, en 1998- habla demasiado, te arriesgas a que 56 mil personas te abucheen en tu próximo turno al bat, jugando como local. Así sucedió.
¿Qué tan alegórica, descriptiva, precisa, literaria –todo esto para no decir maravillosa- es una narración de Vin Scully? Un ejemplo grande como cualquier estadio de beisbol.

Durante el noveno inning del juego del 9 de septiembre de 1965, que pasó la historia como el día que Sandy Koufax lanzó un juego perfecto, Scully, para hacer el rutinario anuncio de la cantidad de aficionados que había en el estadio, dijo: “Hay 29 mil personas en el parque de pelota y un millón de mariposas”.

Nada más que decir, todo lo ha dicho el señor Scully, y evidentemente lo ha dicho muchísimo mejor.

domingo, 21 de marzo de 2010

Le dicen “El Padrino de los esteroides”

Asombró al mundo del beisbol. Mientras veía cómo sus cuadrangulares reingresaban a la atmósfera su masa muscular creció, creció y creció. Se retiró, contó todo y fue tratado como escoria por MLB. Todo mundo negó sus acusaciones pero nadie lo demandó. Al final, parece ser el único involucrado que habla con la verdad. Lo acusan de manchar el beisbol: es José Canseco y le dicen “El Padrino de los esteroides”.


Juan Carlos Plata


Era la mitad del verano de 1995, los Boston Red Sox jugaban un partido en Fenway Park. Mike Greenwell tenía un partido excelente, en su último turno del bate conectó un doblete (su tercer hit de la tarde), minutos después anotaría carrera y de regreso al dugout fue a sentarse junto a su compañero, el superestrella José Canseco. A continuación el diálogo:

-Amigo, desearía poder batear como tú –dijo Canseco.
-Por Dios, a mi me gustaría tener tu poder. ¿Estás bromeando? -respondió Grenwell.
-Bueno, si vienes conmigo a Miami yo puedo ayudarte con eso, pero yo nunca seré capaz de batear como tú.

“Probablemente él no se dio cuenta de lo que eso significó para mi” diría años después Greenwell en una entrevista con The Providence Journal, el 9 de febrero de 2009.

En 1988, Greenwell tuvo el mejor año de su carrera: .325 de porcentaje de bateo, (.416 con hombres en base), 192 hits, 39 dobles, 8 triples, 22 jonrones, 119 carreras impulsadas, 16 bases robadas, 87 bases por bolas, 38 ponches. Números que le valieron llegar segundo en la votación por el trofeo de Jugador Más Valioso de la Liga Americana. Sí, el primer lugar y ganador del trofeo fue José Canseco.

“Siempre tuve la impresión de que perdí ese trofeo frente a alguien de quien siempre sospeché, y después supe, que usaba esteroides. Siempre me molestó. Ese episodio significó mucho para mí porque me dije en mi cabeza: ‘Ok, yo hice esos números estando limpio y tú no’…”, diría Greenwell en la entrevista.

La anécdota es probablemente la muestra más fehaciente de lo que un jugador que nunca usó esteroides siente al jugar con o contra jugadores que usaban drogas para el mejorar el rendimiento (performance enhanced drugs, PED por sus siglas en inglés).

Sin embargo Greenwell sostiene:

“Contrario a lo que mucha gente y la mayoría de los jugadores piensan, yo creo que lo que José Canseco ha hecho (al escribir los libros Juiced y Vindicated, donde habla del extensivo uso de esteroides en Grandes Ligas), es algo bueno para el beisbol. Estoy seguro de que al comisionado y casi todo mundo no les cae nada bien, pero el trajo todo esto (el tema de los esteroides) al frente e hizo que todos nos diéramos cuenta de que probablemente teníamos un problema y que debíamos limpiar el deporte. A ese respecto, creo que ha sido una cosa buena”.

Luego de sus declaraciones y publicaciones sobre el uso generalizado de drogas para mejorar el rendimiento entre jugadores de Ligas Mayores, incluido él mismo, lo que siguió fue una cascada de negaciones y descalificaciones. Su ex manager, Tony LaRussa fue uno de sus más vehementes atacantes (dijo, textualmente, que Canseco había sido y era una desgracia para el beisbol).

Años, y una interminable serie de confesiones, después, el único jugador o ex jugador involucrado en el escándalo de los esteroides en el beisbol que no ha sido obligado a retractarse o confesado lo que negó durante muchos años, ha sido José Canseco.

Rick Reilly, en su artículo Whaddaya Say, Jose?, publicado en Sports Illustrated el 20 de agosto de 1990 trata de esclarecer la pregunta de quién es José Canseco.

“El mundo de José Canseco es grande. Sus jonrones son grandes. Sus casas –en Miami y Oakland- son grandes. Su bote, llamado Cigarrette, es grande, 42 pies de proa a popa, con espacio para 20 personas. Fue el jugador que más votos tuvo para el Juego de Estrellas en Chicago, y, por mucho, se llevó el abucheo más grande en el Wrigley Field. Su esposa, Esther, es pequeña, pero su cabello es abundante. Su pila de dinero es muy grande; gana 4.7 millones de dólares al año, o 536 dólares cada hora, incluso cuando duerme. Su risa es grande. Cuando se equivoca, sus errores son extra grandes. Su talento es enorme, casi tan grande como su potencial. Es grande físicamente -6 pies 4 pulgadas de alto, 240 libras de peso- sin embargo su muñeca es pequeña, talla 33. Su bat es más grande que el de cualquier otro bateador -35 pulgadas y 35 libras-. Su imagen pública es grande: arrogante e inmaduro, armado y peligroso, egocéntrico y egoísta. Pero la mala concepción es incluso más grande. ¿Tú crees que conoces a este tipo? Gran error.

“El columnista del periódico San Francisco Examiner, Bill Mandel, quien nunca ha visto a Canseco en persona dice: ‘Soy de Nueva York y en Nueva York hay una palabra para tipos como Canseco y esa palabra es mamón’.

“Ok, pero si Canseco es un mamón, ¿por qué pasa tanto tiempo en el Miami Youth Club, jugando basquetbol con los niños, comiendo spaghetti con ellos y regalando cientos de tenis? ¿Por qué está tan involucrado en la fundación Make a wish, que cumple las fantasías de niños moribundos? ¿Cómo es que pagó un vuelo de Sacramento a Scottdale, Arizona para que un niño con leucemia asistiera al Spring Training de los Athletics?¿Cómo es que manejó durante horas para ir a Pleasanton, California para firmar autógrafos por 4 horas y media con el fin de recaudar dinero para el tratamiento de un niño paralítico?


“‘Yo voy más allá del bateador regular, algunos bateadores sólo pegan jonrones, yo asesino la pelota. Puedo hacer las cinco cosas que necesita un gran jugador: puedo batear, batear con poder, corro, fildeo y tengo un gran brazo’. Y lo mejor, según dice, está por venir. ‘Cada año verás a un mejor José Canseco. Cada año mejoraré las estadísticas del año anterior.


“Will Rogers dice: ‘Ningún hombre es grandioso si piensa que lo es’, pero Will Rodgers nunca ha visto los box scores de Canseco. Judd Rose, del programa Prime Time Live, le preguntó por qué es tan popular. ‘Soy José Canseco. Hago cosas fuera de lo ordinario. Soy el primerjugador en conectar 40 jonrones y robar 40 bases. Soy un tipo de 235 libras y corro de home a primera base en 3.8 segundos. Voy a robar bases y voy a pegar muchos jonrones. Voy a jugar una gran defensa y pondré a muchos jugadores fuera. Eso es lo que los fans quieren ver en el campo.


“Su ex compañero Dave Parker dice de Canseco: ‘es la más devastadora máquina ofensiva de la historia del beisbol.

“La cosa es que José y Parker pueden tener razón”.

Canseco fue una celebridad incluso antes de llegar a Grandes Ligas, en 1985 fue nombrado Jugador del Año en Ligas Menores lo que le valió su primera llamada a los Oakland Athletics, con los que fue nombrado Novato del Año en 1986.

En 17 años como profesional, Canseco jugó para los Athletics (1985-1992 y en 1997), Texas Rangers (1992-1994), Boston Red Sox (1995-1996), Toronto Blue Jays (1998), Tampa Devil Rays (1999-2000), New York Yankees (2000) y Chicago White Sox (2001).

Fue Jugador Más Valioso de la Liga Americana en 1988, campeón conlos Athletics (1989) y con los Yankees (2000). Fue nombrado Regreso del Año en 1994, cuatro veces Bat de Plata (1988, 1990, 1991 y 1998) y seis veces llamado al Juego de Estrellas (1986, 1988, 1989, 1990, 1992 y 1999).

En un total de mil 887 juegos en Grandes Ligas acumuló 7 mil 57 turnos al bat, mil 186 carreras anotadas, mil 877 hits, 340 dobles, 14 triples, 462 jonrones, mil 407 carreras impulsadas, 200 bases robadas, 906 bases por bolas, mil 943 ponches y .266 de porcentaje de bateo. En su momento fue el jugador latino con más jonrones de la historia.

Desde sus primeros años en la liga, con los Athletics, Canseco fue señalado por el uso de esteroides, no pocos periodistas y fanáticos se lo dejaban saber en los periódicos y desde las gradas.

El artículo de Tom Verducci, Totally juiced, publicado en Sports Illustrated el 3 de junio de 2002 relata:

“Catorce años atrás, los fanáticos en Fenway Park corearon “¡Esteroides, esteroides!” cada vez que José Canseco intervenía en un juego durante la Serie de Campeonato de la Liga Americana. El deporte nunca había visto una maravilla física como Canseco, un gigante de 240 libras que podía pega jonrones de 500 pies y ser lo suficientemente ágil como para robar 40 bases por año. En el retiro luego de que ningún equipo lo quisiera firmar el mes pasado, Canseco, sin admitir que él los consume, dijo que los esteroides han revolucionado el deporte y que escribirá un libro que descorrería el velo del uso de drogas en las Mayores. Canseco estima que el 85 por ciento de los jugadores de MLB usa esteroides.

“Los cuerpos sumamente musculosos como el de Canseco se han vuelto tan comunes que ya no invitan a la sospecha”.


El libro al que hace referencia Canseco en la entrevista de Verducci resultó ser Juiced, publicado en 2005, en el que el cubano sostiene que él mismo introdujo al mundo de las drogas e inyectó personalmente a Mark McGwire, Rafael Palmeiro, Juan González, Iván Rodríguez y Jason Giambi.

Lo que siguió fue el escándalo. Ya desde 2003 la DEA y el Congreso de Estados Unidos tenía una causa abierta en contra del laboratorio BALCO, en la que estaba involucrado otro jonronero legendario: Barry Bonds.

Apenas un mes después de la publicación del libro de Canseco, el Congreso estadounidense llamó a varios de los involucrados para audiencias públicas del caso. Rupert Cornwell, reportero del periódico inglés The Independent en su nota Big hitters strike out following accusations of steroid use, publicada el 18 de marzo de 2005, cuenta:

“No hace mucho, Mark McGwire, Rafael Palmeiro, Sammy Sosa y José Canseco habrían estado en un dream team del beisbol, cuatro de los más poderosos bateadores de la era moderna, dueños de un total combinado de 2 mil 170 jonrones y contando.

“Ayer el cuarteto estuvo en el Capitolio enfrentando cargos de uso ilícito de drogas que inflaron su rendimiento, devaluaron algunos de los más temidos records y dando un ejemplo dañino para los jóvenes deportistas.


“En una atmósfera sumamente tensa, los cuatro testificaron –bajo juramento- ante un comité de congresistas, rodeados no de fanáticos sino de abogados, inquisitivos representantes populares y de reporteros irrespetuosos.


“Las audiencias han avergonzado a las Ligas Mayores al punto de que varios de sus ejecutivos las han comparado con la cacería de brujas del McCartismo, en los años 50. Los procedimientos empezaron justamente en ese tenor, con acusaciones al besibol por no poder contener el cáncer que significan las drogas. ‘Por 30 años los ejecutivos de las Ligas Mayores nos han dicho que confiemos en ellos, pero la liga no ha hecho honor de esa confianza’, dijo Henry Waxman, demócrata por California.


“En emocionales declaraciones iniciales, Sosa y Palmeiro negaron el uso de sustancias ilegales: ‘Yo no he consumido esteroides, punto’, dijo Palmeiro, quien ocupa el décimo lugar de todos los tiempos con 551 jonrones. Sosa, con 574 cuadrangulares, también negó haber usado drogas.


“Pero los dos personajes principales del drama, Canseco y McGwire, alguna vez llamados los 'Bash brothers', superestrellas gemelos de los Oakland Athletics en los 80 y principios de los 90. Ayer fueron enemigos, unidos sólo por su decisión de atenerse a la quinta enmienda para evitar incriminarse.


“El escándalo de los esteroides inició en 2003 con el caso Balco pero adquirió atención mediática masiva el mes pasado con la publicación del libro Juiced, de José Canseco en el que libremente admite el uso de esteroides y declara que él y McGwire se inyectaban mutuamente en el vestidor.

“‘No dignificaré al señor Canseco con un comentario’ dijo McGwire, su voz temblaba de ira mientras su ex compañeros miraba hacia otro lado. Pero en ningún momento McGwire negó haber usado drogas.

“Antes de eso, los padres de dos jóvenes atletas que se suicidaron después de una depresión inducida por el uso de esteroides criticaron agriamente a los jugadores, a la unión de peloteros y a los ejecutivos de MLB.

“‘Los jugadores que son culpables de tomar esteroides no sólo son tramposos, son ustedes unos cobardes”, dijo Donald Hooton, cuyo hijo de 17 años se colgó en 2003”.


S.L. Price explica, en su artículo The liars club, publicado en Sports Illustrated el 26 de diciembre de 2005, las motivaciones del Congreso estadounidense para llamar a estas audiencias:

“Cuando Henry Waxman, representante demócrata, leyó en febrero que Major Leagues Baseball no tenía intención de investigar las declaraciones que Canseco hizo en su libro, él pidió una audiencia del Congreso. ‘Más que investigar, MLB y la Unión de Jugadores contrataron a un regimiento de abogados y lobbyist para detener nuestras intenciones de indagar en el caso’, dijo Waxman. ‘Eso me hizo pensar que a ellos no les interesaba lo que pudiera pasar’”.

Y prosigue:

“Rafael Palmeiro dijo: ‘Nunca he usado esteroides, punto’ y sobrevino el más infame señalamiento con el dedo desde que Clinton declaró que ‘nunca había tenido relaciones sexuales con esa mujer, Monica Lewinsky’. Canseco, sentado en el otro extremo de la mesa, dijo que su quijada se cayó. ‘Pensé, ¿qué está haciendo?, dijo Canseco. ‘Esto es el Congreso. Estás bajo juramento. Si te atrapan te mandarán a la cárcel. No lo hagas, Raffy’”.

Pero Palmeiro ya lo había hecho.

Sigue la nota de S.L. Price:

“El cuatro de mayo, Palmeiro dio positivo en un examen antidoping. La sustancia fue Estanozolol, un conocido esteroide y fue suspendido 10 días.

“Luego de seis meses de la publicación de Juiced, Canseco ha sido criticado por errores en su libro y alegaciones sin documentar, pero ninguno de los nombrados lo ha demandado. Mientras tanto, las explicaciones de Palmeiro de cómo llegó la droga a su organismo –a través de una inyección de vitamina B12 que le dio Miguel Tejada- confirman los detalles del libro. Canseco escribió que él aconsejó a Tejada sobre esteroides. Estanozolol (también conocido como Winstrol), fue una de las sustancias que Canseco asegura que inyectó en el cuerpo de Palmeiro cuando fueron compañeros en los Texas Rangers. Los jugadores, de acuerdo con Canseco, se referían al ‘tratamiento’ como ‘inyecciones de B12’”.

Luego de años de negación, y en la víspera de regresar al beisbol como coach de bateo de los Saint Louis Cardinals, el 11 de enero de 2010 Mark McGwire reconoció haber usado esteroides (nunca dijo cuáles, cuándo ni en qué dosis). Nuevamente Canseco decía la verdad.

McGwire desestimó la importancia de ese hecho –tomar esteroides- en su record de 70 jonrones en la temporada de 1998. Ante eso, el cátcher de los Boston Red Sox y los Chicago White Sox en los años 70 y 80 y miembro del Salón de la Fama, Carlton Fisk declaró al periódico Chicago Tribune el 19 de enero de 2010:

“McGwire dice que los esteroides no ayudan a tener una mejor coordinación ojos-manos. Por supuesto que ayudan. Te permiten ser más ocucioso física, mental y ópticamente. Vas a ser más fuerte y mejor.

“Hay una razón por la cual les llaman drogas para mejorar el rendimiento, lo que hacen es mejorar el rendimiento. No seamos idiotas. Si eres bueno, los esteroides te harán mejor. Si eres un jugador promedio, te harán bueno. Si eres un jugador debajo del promedio, te harán ser un jugador promedio. Algunos jugadores que tomaron esa ruta tuvieron su contrato de 5 años y 35 millones y luego se perdieron porque una vez que no pudieron seguir usando esteroides no pudieron jugar más”.

Canseco es llamado “el padrino de los esteroides” aun cuando hoy se sabe que ni fue el primero ni fue el que más provecho sacó de ellos (Roger Clemens, por ejemplo). No es un héroe y nunca lo fue. Se ha convertido a sí mismo en una caricatura (como en 2003 cuando se rentaba por 5 mil dólares para pasar todo un día con quien pudiera pagarlo o como miembro del elenco de The surreal life). Pero por lo menos, en la llamada época post-esteroides del beisbol, es el único que no ha dicho mentiras.

domingo, 24 de enero de 2010

Fernandomanía VI y última

Juan Carlos Plata


En su artículo 20 Years Ago, Fernando Valenzuela Was King of the Hill, publicado en la revista Baseball Digest, en julio de 2001, Paul Click, relataría 10 años después, lo que sucedió en la primavera de 1991:

“Parecía una broma del April Fools (celebración similar al Día de los Inocentes en México, que se celebra cada día primero de abril en varios países, incluyendo Estados Unidos. Nota del metiche) cuando en la primavera de 1991 se anunció que Fernando Valenzuela había sido dejado en libertad por los Dodgers.

“Apenas 10 días antes de esta noticia, Valenzuela -el consentido de Los Angeles y de su amplia población mexicana- recibía una ovación de pie de sus fanáticos en Monterrey, donde tuvo una de sus más finas actuaciones de cualquier primavera durante sus 10 años con los Dodgers.

“Contra los Milwaukee Brewers, tiró pelota perfecta en 5 innings con excepción de un sencillo y jonrón de Gary Sheffield.


“'Por supuesto que estamos en shock', diría Orel Hershiser en ese tiempo.


“La dirigencia de los Dodgers dijo que había sido una difícil decisión. El manager Tom LaSorda lloró desconsoladamente cuando le anunció a Valenzuela había sido dejado en libertad. El club estaba devastado por hacer lo impensable. La Fernandomanía no existía más.

“’Nunca olvidaré lo que Fernando hizo por mi y por los Dodgers’ diría LaSorda tiempo después. ‘Ha sido un privilegio y un honor dirigirlo por 10 años porque sin lugar a dudas él es un gran talento y un gran competidor. Nos ha dejado a todos nosotros grandes recuerdos”.


Glenn Stout también aborda el tema:

“Para la temporada de 1991 los Dodgers no tenían suficiente talento en sucursales y sin Gibson (que había sido dejado en libertad) y Hershiser (que estaría listo para jugar hasta media temporada) sufrían de falta de un gran estrella. Valenzuela simplemente ya no era más ese tipo -la Fernandomanía era historia antigua.

“La decisión de dejar ir a Gibson y contratar a Darrel Strawberry no fue, por mucho, tan dramática como la que tomaron los Dodgers al final del Spring Training. Con un contrato firmado recientemente, Fernando Valenzuela se había visto genial en el spring training. A mediados de marzo el equipo viajó a Monterrey para jugar un juego de exhibición contra los Milwaukee Brewers y Valenzuela permitió sólo un hit en 5 entradas ante una asistencia de 29 mil fanáticos.


“Peter O'Malley, dueño del equipo, dijo: 'Sabíamos de la popularidad de Fernando en su país, pero venir aquí y verlo, oírlo y sentirlo ha sido uno de los momentos más extraordinarios en mi tiempo con los Dodgers'.


“Dos semanas después, luego de dos salidas con números negativos, fue cortado. Relativamente joven y con 141 victorias en 10 años, los Dodgers decidieron que los 2.5 millones que ganaría eran más necesarios que él mismo.


“Estos ya no eran más los Dodgers de tu padre, ya no eran incluso tus Dodgers”.



Cambio de código postal
Cuando todo parecía acabado, cuando había pasado de ser el rey del beisbol a desempleado, cuando el corazón, el alma y el estandarte de millones de mexicanos parecía roto irreparablemente, de nuevo, Valenzuela fue el único que no perdió la calma.

Tim Kurkjian en su columna Baseball de Sports Ilustrated del 17 de junio de 1991 nos cuenta la historia:

“Él no es el Fernando Valenzuela de antaño, ni siquiera se acerca. Pero el nuevo lanzador zurdo de la rotación de los Angels demostró el pasado viernes que puede seguir atrayendo fanáticos y, lo más importante, que aún tiene algo con qué contribuir en la lucha por un campeonato.

“El debut de Valenzuela en la Liga Americana fue difícil –permitió nueve hits y cuatro carreras limpias en cinco entradas para una derrota 5 carreras a cero contra los Tigers- pero su recta más rápida fue registrada en 86 millas por hora, sus repertorio no permitió movimientos de corredores, no regaló pasaportes y ponchó a cinco rivales. Además sorprendió al manager de los Tigers, Sparky Anderson. ‘Todos decían que no podía lanzar más’, dijo Anderson luego del partido. ‘Pero vaya que puede. Fernando nunca ha sido conocido como un Roger Clemens’.


“California no le pide a Valenzuela que sea Roger Clemens, o siquiera el Valenzuela en su época dorada, y es por eso que el haberlo firmado (por un salario base de 300 mil dólares y la posibilidad de ganar hasta un millón por incentivos) tiene mucho sentido. El es ahora el quinto abridor de un staff del que los cuatro primeros lanzadores han sido tan buenos como cualesquiera otros en la liga. ‘Si él nos da 20 salidas, promedia 5 entradas por salida y nos mantiene en el juego, es todo lo que necesitamos’, dijo el manager de los Angels, Doug Rader.


“¿Cuántos quintos abridores han estado en seis peleas por el campeonato como Valenzuela lo ha hecho? ¿A quién preferirían tener en la loma los fanáticos de los Angels en un juego clave de septiembre, a Valenzuela o al novato Scott Lewis, el antes quinto abridor, cuyo record de 1 ganado y 5 perdidos lo mandó de regreso a las ligas menores la semana pasada?


“Luego de tener record de 13 ganados y 13 derrotas, una efectividad de 4.59 y lanzar un juego sin hit para los Dodgers el año pasado,Valenzuela fue dejado en libertad el 28 de marzo porque los Dodgers pensaban que otros de sus abridores eran mejores. Por casi dos meses, Valenzuela no recibió oferta alguna. ‘Mis reportes decían que ya no tenía nada’ dijo el gerente general de los Padres, Joe McIlvaine cuando se le pregunto por Valenzuela en mayo.


“California firmó a Valenzuela el 20 de mayo. Tuvo tres salidas en Ligas Menores sin permitir carrera limpia en 17 entradas. Su debut como Angel atrajo a 49 mil 977 fanáticos al Anaheim Stadium. La oficina de los Angels calculan que 25mil de esos boletos fueron vendidos porque Valenzuela era el pitcher abridor, así que incluso si esos boletos hubieran sido de localidad general, de a 3 dólares por boleto, con sólo esa salida el equipo tendría una buena parte del salario del lanzador”
.

A pesar de los buenos augurios, Fernando sólo lanzó dos juegos para los Angels esa temporada: el 7 de junio contra los Detroit Tigers ya descrito por mister Kurkjian, y el 12 de junio contra los Milwaukee Brewers. Sus números, en efecto, confirmaban que no era el de antes: 0 ganados, 2 perdidos, apenas 6.2 entradas lanzadas, 9 carreras limpias (para un astronómico 12.50 de afectividad), 3 bases por bolas y 5 ponches.

Un par de semanas después, el 5 de julio fue mandado de nuevo a Ligas Menores, donde tuvo totales de 6 ganados y 4 perdidos. Ese año no volvió a las mayores y finalmente, el 10 de septiembre fue dejado en libertad por los Angels.

El difícil camino del retiro
El 20 de marzo de 1992 Valenzuela firmó contrato con los Detroit Tigers y el 3 de junio fue enviado a la Liga Mexicana, con los Charros de Jalisco.

El equipo tapatío estaba en crisis, por esos días todo Guadalajara estaba en crisis. Apenas unos meses atrás, el 22 de abril, el sistema de drenaje de varias colonias se vio invadido por gasolina y una serie de explosiones destruyó 8 kilómetros de calles. Según cifras oficiales, los incidentes mataron a 209 de personas, dejaron casi 500 heridos y 15 mil personas quedaron sin hogar.

Valenzuela fue un último esfuerzo del equipo por resucitar a su novena y acerca a la gente al estadio. El experimento sirvió pero sólo poco tiempo, el Toro, como era de esperarse, fue un imán de taquilla (no sólo en Guadalajara, sino en todas las plazas donde jugaba su equipo) pero, sin que haya mayores registros y explicaciones, dejó a la novena charra en menos de tres meses.

En 1993 regresó a las Mayores con roles cada vez más modestos pero encontrando un poco de la efectividad que lo hizo grande. Ese año jugó para los Baltimore Orioles con los siguientes números: 32 juegos (31 aperturas), 5 completos, 8 ganados, 10 perdidos. 178.2 innings, 4.94 de efectividad, 2 blanqueadas, 79 bases por bolas y 78 ponches.

Al año siguiente se mudó a Philadelphia y con los Phillies acumuló apenas 8 juegos (7 aperturas), con récord de 1 ganado y 2 perdidos. 45 innings lanados, un respetable 3.00 de efectividad, 7 bases por bolas y 10 ponches.

En 1995 jugó 29 partidos para los San Diego Padres, 15 de ellos viniendo desde el bullpen y sus números, nuevamente fueron respetables: 8 ganados y 3 perdidos. 90.1 innings lanzados, 4.98 de efectividad, 34 bases por bolas y 57 ponches.

Tal vez la última vez que brilló en las mayores fue en 1996, nuevamente con los Padres: en 33 juegos (31 aperturas) colectó 13 ganados y 8 perdidos. Lanzando 171.2 entradas, con un excelente 3.62 de carreras limpias admitidas, 67 bases por bolas y 95 ponches.

1997 lo inició con San Diego donde lanzó en 13 encuentros con récord de 2 ganados y 8 perdidos. El 13 de junio Valenzuela fue incluido en un paquete de jugadores que sería enviado a los Saint Louis Cardinals: Valenzuela junto con Scott Livingstone y Phil Plantier dejaron California y los Padres recibieron a cambio a Rich Batchelor, Danny Jackson and Mark Sweeney.

En Saint Louis, Valenzuela no consiguió ninguna victoria en sus 5 partidos, el último de ellos el 14 de julio contra los Cincinnati Reds, donde perdió. Un día después fue dejado en libertad y nunca más ha regresado a las Ligas Mayores.

Sus totales en la gran carpa son los siguientes: 17 temporadas, 453 juegos, 173 ganados, 153 perdidos, 424 aperturas, 113 juegos completos, 31 blanqueadas, 2 salvamentos, 3.54 de promedio de carreras limpias admitidas, 2 mil 930 innings pichados, mil 151 bases por bolas y 2 mil 074 ponches.

En su artículo Mania man, publicado en Sports Ilustrated el 30 de junio de 2003, Luis Fernando Llosa habla de lo que pasó después:

“Para cuando fue dejado en libertad por los Cardenales, en 1997, Valenzuela sabía que su carrera como ligamayorista estaba terminada. ‘Yo sabía que ya no podía soportar los intensos entrenamientos para competir a nivel de Grandes Ligas, pero no quise anunciar mi retiro. Quería mantenerme lanzando en cualquier nivel que pudiera’.

“Era noviembre de 1997, y Fernando Valenzuela era un pitcher de 37 años que sufría fatiga de brazo y perdía la batalla por mantenerse en forma. Tres meses antes había sido dejado en libertad por los Cardenales de San Luis, y parecía entonces que después de 17 años en las Ligas Mayores, era un pelotero acabado. Pero ahí estaba, parado en el montículo enfundado en el uniforme de los Naranjeros de Hermosillo de la Liga Mexicana del Pacífico, en la misma liga en la que, con 16 años de edad, debutó como profesional".


Valenzuela continuó jugando cada invierno con los Naranjeros de Hermosillo hasta el año 2002 cuando expiró su contrato. En la primavera de 2003 regresó a la nómina de los Dodgers, esta vez como comentarista de las transmisiones de los juegos en español, las mismas a las que él propulsó a losgrandes ratings internacionales, junto con el que fuera su intérprete años atrás Jaime Jarrín y Pepe Yñiguez.

Y en los inviernos regresó a jugar en la Liga Mexicana del Pacífico, ahora con los Águilas de Mexicali, equipo con el que jugó hasta la temporada 2006-2007 (de paso, el domingo 5 de noviembre de 2006, el Toro lanzó un partido en el que su hijo, Fernando Valenzuela Jr. Jugó la primera base para el equipo cachanilla).

Fernando no ha regresado a la actividad en el montículo (ha sido coach de pitcheo, junto con Armando Reynoso, de las dos versiones de la selección nacional mexicana que participó en el Clásico Mundial de Beisbol en 2006 y 2009), aunque todavía no ha anunciado su retiro, tal vez nunca lo haga, qué importa.

Epílogo
Se han presentado muchas visiones distintas del fenómeno de la Fernandomanía –preferentemente de actores no relacionados directamente con Valenzuela, con México o con la comunidad latina en Estados Unidos para evitar el sentimentalismo-, se han analizado sus números, se ha hablado de su impacto en el beisbol y en el panteón de héroes mexicanos.
Pero a todas estas, qué opina el protagonista de toda esta historia. Probablemente el guión de un comercial grabado por Valenzuela que se trasmite por radio en los partidos de los Dodgers nos dé una pista: “Las estrellas están en el cielo, aquí abajo sólo hay jugadores de beisbol”.

Fernandomanía V

Juan Carlos Plata


FV 34
Luego de darle poco apoyo ofensivo por lo menos en las dos temporadas anteriores, en 1986 los Dodgers respaldaron a Valenzuela para tener una temporada brillante.

Con su equipo anotando un promedio de 4.85 carreras por partido (hicieron cuatro carreras o más en 19 de sus 34 aperturas y en ningún juego se quedaron en blanco) Valenzuela alcanzó 20 victorias y perdió en 11 ocasiones.

Tuvo un promedio de carreras limpias admitidas de 3.14, lanzó 20 juegos completos (el máximo de su carrera), 269.1 entradas, con 3 blanqueadas; permitió 226 hits, 104 carreras (94 de ellas limpias), 18 jonrones; otorgó 85 bases por bolas y ponchó a 242 oponente (máximo cifra de su carrera, con un promedio de 8.1 por cada 9 entradas lanzadas).

Justo en la mitad de la temporada Valenzuela se dio tiempo de hacer historia en el Juego de Estrellas. El 15 de julio, en el Astrodome de Houston ponchó a cinco bateadores en fila, para igualar el récord que Carl Hubbell (también lanzador de screwball) impusiera en 1934 ponchando, ni más ni menos que, a Babe Ruth, Lou Gehrig, Jimmie Foxx, Al Simmons y Joe Cronin, todos ellos huéspedes del Salón de la Fama.

Valenzuela entró a lanzar en la cuarta entrada sustituyendo a Kevin Bass y ponchó a Don Mattingly, Cal Ripken y Jesse Barfield. Para la quinta entrada, ponchó a Lou Whitaker y a su compatriota Teodoro Higuera para igualar la marca; posteriormente retiró a Kirby Puckett con una rola al short stop.

Esta gran temporada fue razón suficiente para contender seriamente por el Cy Young, que finalmente fue para el abridor de los Houston Astros Mike Scott, quien acumuló un récord más modesto que el del mexicano, 18 ganados y 10 perdidos, pero lo superó en efectividad (2.22), blanqueadas (5), innings lanzados (275.1) y ponches (306).

Todo esto en una temporada en la que los Dodgers tuvieron un récord de 73 ganados y 89 perdidos y quedaron lejos de la postemporada.

Nuevamente Tony Castro retrata aspectos de la vida del pitcher mexicano en esos días:

“Valenzuela realiza el corto trayecto de su casa a Dodger Stadium en completo confort. Maneja un Corvette plateado con vidrios polarizados y placas personalizadas que son de rigor para las celebridades de Los Angeles: FV34.


“Sin embargo, ha sido un largo trayecto desde su natal Etchohuaquila, Sonora, 350 millas al sur de la frontera de Arizona. Los primeros reporteros que exploraron los orígenes de Valenzuela durante la Fernandomanía en 1981 escucharon con frecuencia cuando llegaron a Ciudad Obregón que Etchohuaquila estaba ‘a unos 20 kilómetros al sur y como 50 años atrás’.

“Valenzuela y Linda Burgos son padres de do
s niños. Fernando Jr. cumplirá tres años en septiembre y Ricardo tiene 16 meses. Ambos son nacidos en Estados Unidos, es decir son ciudadanos norteamericanos. La familia vive en un condominio de tres recámaras con vista panorámica de la ciudad ubicado en una exclusiva zona del centro. Sus gustos son elegantes y muy caros. Linda, de 24 años, una ex maestra de escuela en México, es aficionada a accesorios de piel Louis Vuitton que parecen salidos de las páginas de Vogue. Valenzuela tiene una gran colección de pantalones de sastre europeo y de mocasines, además de un Rolex de oro con diamantes incrustados. El condominio tiene una niñera de tiempo completo para los niños y una máquina de Pac Man para Valenzuela, un hábil aficionado de los videojuegos.”

Problemas en 1987
La pistola de radar de Mike Brito empezaba a marcar cifras cada vez más bajas ante las rectas de Valenzuela, lo que hacía cada vez menos efectivos sus cambios de velocidad y lo obligaba a usar cada vez más su screwball, lo que no ayudaba a su control y su buena forma.
1987 fue un año gris para los Dodgers y para Valenzuela: el mexicano terminó la temporada con 14 ganados y 14 perdidos, 3.98 de efectividad (el más alto de su carrera), 34 salidas, 12 juegos completos, 1 blanqueada, 251 innings, 111 carreras limpias admitidas, 124 bases por bolas y 190 ponches.

Por su parte, los Dodgers terminaron, con 73 ganados y 89 perdidos, lejos de las posibilidades de postemporada.


Mal año, lesión, el Bulldog y un cuento de hadas: 1988
Los expertos no auguraban nada bueno para los Dodgers en 1988, a pesar de la adición del jonronero Kirk Gibson –proveniente de los Detroit Tigers, con quienes había sido campeón en 1984- el pronóstico era que no llegarían a los play offs.

Fernando fue el encargado de abrir el juego inaugural de los Dodgers en casa frente a los San Francisco Giants y en seis entradas permitió 7 hits, 5 carreras (4 de ellas limpias), regaló 4 pasaportes y ponchó a 4 enemigos. El resultado final fue una derrota 5 carreras a 1.

Así como la primera salida, el primer mes de la temporada no fue bueno para Valenzuela, que terminó abril con 5 salidas, 2 ganados 3 perdidos, 37.2 innings lanzados, ningún juego completo, 13 carreras limpias admitidas, para una inusual efectividad de 3.11, con 21 pasaportes y 17 ponches.

Mayo tampoco fue positivo: 5 salidas, 1 ganado y 2 perdidos, 33.2 innings de labor, 2 juegos completos, 16 carreras limpias (4.28 de efectividad), 19 bases por bolas y 16 ponches.

En junio consiguió dos victorias y milagrosamente no tuvo derrotas a pesar de tener dos salidas de terror contra Cincinnati: el 3 de junio, con sólo 2.1 entradas y 4 carreras limpias admitidas, y el 25 de junio con apenas dos tercios de entrada y otras 4 carreras limpias. Los Dodgers en ambas ocasiones rescataron a Fernando ganando los encuentros. En 5 salidas, lanzó apenas 26.1entradas, un juego completo. Le anotaron 14 carreras limpias (4.78 de efectividad), regaló 12 bases y sólo ponchó a 6 enemigos.

Pero nada de esta mala campaña había preparado a los Dodgers y al mismo Valenzuela para lo que vendría: en julio, el zurdo tuvo 6 salidas, no ganó un solo juego y perdió 3, tuvo 37.2 entradas de labor, le fabricaron 23 carreras (para una espantosa efectividad de 5.50), con 22 bases por bolas y apenas 21 ponches.

Por si tener el peor mes de su carrera en Grandes Ligas no fuera suficiente, luego del juego del 30 de julio contra Houston, Valenzuela fue colocado –por primera vez en su vida- en la lista de lesionados por una dolencia en el hombro izquierdo.

Valenzuela se perdería completo el mes de agosto y regresaría hasta el 26 de septiembre con una apertura de sólo 3 entradas en la que permitió una carrera y ponchó a 3 Padres de San Diego y realizaría labor de relevo el primero de octubre contra los Giants y conseguiría el salvamento.
A pesar del regreso Tom Lasorda dejó a Valenzuela fuera del roster activo para enfrentar la postemporada. Los Dodgers tenían un héroe nuevo: Orel Hershiser.

El Bulldog había ganado 23 partidos en la temporada regular y había roto el récord de más innings consecutivos sin permitir carrera limpia, con 59 entradas (la marca anterior era de otro Dodger, Don Drysdale). Además, Hershiser consiguió el Cy Young y fue el Jugador Más Valioso de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional y de la Serie Mundial.

Los Dodgers se coronarían campeones del beisbol al vencer en 5 juegos a los imponentes Oakland Athletics en un año en el que Hershiser reescribió los libros de récords y Kirk Gibson escribió un cuento de hadas. Valenzuela lo vio todo desde el dugout.

Crisis: 1989
La temporada de 1989 es perfectamente retratada en el libro The Dodgers, 120 years of Dodger History, de Glenn Stout:

“En el receso de la temporada antes de 1989, Steve Sax se convirtió en agente libre y los Dodgers lo dejaron ir. En contraparte, firmaron al veterano ex Yankee Willie Randolph. Todavía era un buen jugador, pero los Dodgers extrañarían la chispa de Sax.

“El éxito de Gibson convenció al equipo de volver a gastar en grande y esta vez escogieron al primera base de los Baltimore Orioles Eddie Murray. En el papel los Dodgers lucían como un equipo reforzado: Valenzuela estaba de regreso, Gibson y Murray junto a Mike Marshall se veían formidables, y con Gibson y Hershiser tenían un montón de poder, fuego y hielo.


“Pero la verdad era que muchos de los jugadores que tuvieron un excelente 1988 habían logrado algo que nunca más volverían a conseguir. En 1989 la lesión de pantorrilla de Gibson requirió cirugía y Murray batalló para ajustarse a la Liga Nacional y al Dodger Stadium. John Tudor se lesionó y se perdió la mayor parte del año, Valenzuela estaba disminuido.


“Hershiser tuvo récord de 15-15 y dijo: ‘Realmente siento que he pichado tan bien como el año pasado’. Estaba en lo correcto, pero ya no era 1988. Los Dodgers abrieron la temporada con récord de 3 ganados y 7 perdidos y nunca estuvieron en la pelea. Al final terminaron mirando hacia arriba en el cuarto lugar de la división, con 77 ganados y 83 perdidos.”


Libre de lesiones, Valenzuela terminó el año con 10 ganados y 13 perdidos, 3.42 de efectividad, 196.2 innings lanzados en 31 salidas, 3 juegos completos. 99 bases por bolas y 116 ponches. Una temporada modesta en medio de la crisis del equipo.

El acto final, 1990.
Nuevamente, el libro The Dodgers, 120 years of Dodger History, de Glenn Stout nos da un panorama de 1990.

“Antes de la temporada de 1990, los Dodgers contrataron a Juan Samuel, al jardinero agente libre Hubie Brooks y Kal Daniels. Cobijando a Gibson y Murray y apoyando al staff de pitcheo, el line up de los Dodgers parecía capaz de llevar al equipo a otro banderín de la liga nacional y probablemente a otro campeonato mundial. En apenas un par de años el line up cambió casi en su totalidad y no tenía ningún producto de sus granjas. Eran un equipo completamente diferente.

“En apenas unas pocas salidas, Orel Hershiser tuvo una lesión en el hombro que terminó con su temporada y requirió cirugía. El relevista Jay Howell también quedó fuera con una lesión de rodilla, lo mismo pasó con Tim Belcher, Don Aase y Jim Gott. El equipo ocupó más de 20 lanzadores en esa temporada, la cantidad más alta desde que se mudaron a Los Angeles.


“Pero la temporada tuvo algunos buenos momentos, falsas indicaciones de grandeza: El 4 de junio, Ramón Martínez ponchó a 18 Atlanta Braves (la mayor cantidad para un Dodger desde que Sandy Koufax hiciera abanicar al mismo número de contrarios en 1962) mientras los blanqueaba 6 carreras a 0.
“Pero en la temporada que estaban teniendo los Dodgers, incluso las espectaculares actuaciones individuales no significaron demasiado.

“Otro ejemplo de ello fue el trabajo de Fernando Valenzuela el 29 de junio. Desde su lesión de hombro en 1988, Valenzuela había batallado. Perdió algunas millas claves en su recta y ya no era capaz de pasar a los bateadores con la consistencia de antes”.

Valenzuela llegó al 29 de junio con récord de 5 ganados 6 perdidos en 15 salidas, 94.2 innings lanzados, 97 hits, 43carreras limpias para una efectividad de 4.09, 37 bases por bolas y 58 ponches.

A las 7:07 de la noche casi todos los Dodgers estaban sentados alrededor de la televisión del clubhouse de Dodger Stadium viendo como Dave Stewart completaba su juego sin hit ni carrera contra los Toronto Blue Jays, en Toronto.

El primero de levantarse luego del último out fue Fernando Valenzuela (que abriría el juego contra los Cardenales de San Luis menos de 30 minutos después) y al hacerlo le dijo a sus compañeros: “Acaban de ve un juego sin hit ni carrera en la tele, ahora van a ver uno en vivo”. Tiempo después el propio Valenzuela declararía que “sólo fue una broma”.

Valenzuela retiró la primera entrada con rola de Vince Coleman a las paradas cortas, ponchó a Willie McGee, Pedro Guerrero se embasó por error de Kirk Gibson en el jardín izquierdo y Todd Zeile cerró la entrada con elevado al jardín central.

En el segundo capítulo, Terry Pendleton y José Oquendo elevaron al jardín central y Rex Hudler elevó al short stop. Para la tercera Ozzie Smith elevó al central y José De León y Coleman abanicaron el tercer strike.

McGee y Guerrero elevaron al jardín izquierdo y Zeile fue retirado con rola al short stop para terminar la cuarta entrada. Pendleton y Oquendo fueron retirados con rolas a la tercera base y Hudler se ponchó para culminar la quinta. En la sexta, Smith fue retirado con una línea al jardín izquierdo, De León con rola al pitcher y Coleman con ponche tirándole.

La séptima entrada fue la más complicada: McGee se fue con rola al short, y luego de que Guerrero y Zeile recibieran pasaportes y Pendleton elevó a izquierdo y Oquendo cerró el inning con una rola a la tercera.

Para la octava, Hudler es retirado con rola al short, Smith se poncha tirándole y el emergente Craig Wilson elevó al central.

En la novena, Coleman se ponchó sin tirarle, McGee recibió base por bolas y Pedro Guerrero terminó el juego con un dramático batazo de botes altos que se le escapó del guante a Valenzuela pero terminó yendo justo a la colocación del segunda base Juan Samuel que pisó la intermedia y dobló hacia primera para completar el doble play y el juego sin hit ni carrera.

Esta histórica actuación parecía el renacer de la Fernandomanía, 10 años después, pero como sentencia Glenn Stout: “Después de eso, repentinamente volvió a tener problemas”.

Valenzuela terminó la temporada de 1990 con récord de 13 ganados y 13 perdidos. 4.59 de efectividad en 204 innings y 33 salidas, tuvo 5 juegos completos, regaló 77 bases por bolas y ponchó a 115 oponentes.

La última salida de Valenzuela en Dodger Stadium fue el 19 de septiembre contra los San Diego Padres, se fue sin decisión en la derrota de los Dodgers 9 carreras a 4, apenas lanzó 4 entradas y 2 tercios; su última salida del año, nadie sabía entonces lo significativa que sería, fue en San Francisco, el 30 de septiembre, en 4 entradas permitió 7 carreras limpias y cargó con la derrota.

martes, 13 de octubre de 2009

Fernandomanía IV

Juan Carlos Plata

No habría mejor manera de empezar a contar los días de Valenzuela después de la temporada de 1981 que con la crónica de Steve Wulf, Keeping close watch on Fernando, publicada en Sports Illustrated el 5 de abril de 1982.

“En una pequeña recepción llevada a cabo en la Casa Blanca en honor del presidente de Italia, algunos de los más cercanos amigos de Tom LaSorda le preguntaron acerca de la salud de uno de sus pitchers. Frank Sinatra preguntó, George Bush preguntó. Incluso el presidente Reagan preguntó por Fernando.

“Fernando Valenzuela está bien, gracias. A las 10 de la mañana con 14 minutos y 12 segundos del 24 de marzo, Valenzuela hizo su primera aparición de 1982 con los Dodgers. Emergió del clubhouse hacia el brillante sol de Vero Beach, Florida y prácticamente tuvo que nadar a través de un grupo de periodistas, camarógrafos y fernandomaniacos. Al rescate llegó Billy DeLury, secretario de viajes de los Dodgers, manejando un carro de golf. Valenzuela se trepó en el asiento del copiloto y el manager LaSorda en el de de atrás.

“Valenzuela había llegado a Dodgertown la noche anterior terminando así su espera de casi un mes. Después de conversar con su agente, Tony Demarco y su abogado, Dick Moss, Valenzuela decidió unirse a sus compañeros sin aceptar la última oferta de los Dodgers, 350 mil dólares por la temporada más 100 mil dólares en incentivos. Por estas fechas del año pasado, Valenzuela era un novato con un salario de 42 mil 500 dólares. Pero eso fue hace 13 victorias, 11 salidas en Dodger Stadium con boletos agotados y un premio Cy Young. Hoy, hasta el presidente de Estados Unidos quiere saber cómo está Fernando.

Valenzuela desembarcó del carro de golf y se unió a los movimientos de calistenia de sus compañeros en el jardín derecho del Holman Stadium. Nunca unos ejercicios de estiramiento habían sido tan intensamente observados por tanta gente. A las 10:30 se secó la frente por primera vez. Una vez terminados los ejercicios los Dodgers empezaron a correr, primero hacia adelante y después hacia atrás, recreando simbólicamente el proceso de negociación de Valenzuela. Trotaron alrededor del campo, Fernando terminó en lugar 28 de 33.”

Valenzuela pretendía un contrato de un millón de dólares luego de su monstruosa temporada de 1981, pero al final los Dodgers le renovaron unilateralmente el contrato con los números que mencionó Steve Wulf: 350 mil dólares de salario base y 100 mil más de incentivos.

De esta negociación salieron dos de las más famosas frases de Tom LaSorda con respecto de Fernando: en una rueda de prensa, los reporteros le preguntaron al manager si sabía cuáles eran las pretensiones económicas del lanzador y dijo: “Quiere que le regresemos Texas”. En otro encuentro con la prensa (cuando ya era conocido que Valenzuela pedía un millón de dólares), LaSorda dijo: “Todo el año traté de enseñarle a hablar inglés y lo único que aprendió fue: one million”.

El 29 de diciembre de 1981 Valenzuela regresó a Mérida a cumplir una promesa: casarse con Linda Burgos, una maestra de escuela con la que había iniciado una relación en 1979, cuando llegó a esa ciudad a jugar a préstamo con los Leones.

Señor Reagan: Fernando se encuentra bien y ahora está casado.

Para la temporada de 1982 los Dodgers volvieron a estar en la pelea por al banderín de la División Oeste de la Liga Nacional pero al final los Atlanta Braves se quedaron con el boleto a postemporada por sólo un juego de diferencia. Los angelinos terminaron con récord de 88 ganados y 73 perdidos.

En lo individual, Valenzuela siguió tejiendo su leyenda con números de pitcher consolidado: 37 aperturas, 19 ganados, 13 perdidos, 2.87 de efectividad, 18 juegos completos, 4 blanqueadas, 285 innings pichados, 83 bases por bolas, 199 ponches. Estos números lo llevaron nuevamente al Juego de Estrellas, lo dejaron tercero en la votación del premio Cy Young y 21 en la de Jugador Más Valioso.

Fue líder del equipo en juegos iniciados, innings lanzados, ganados, promedio de carreras limpias admitidas, juegos completos, blanqueadas y ponches. Además fue segundo en ganados, tercero en innings lanzados y en juegos completos, quinto en efectividad, ponches y blanqueadas y sexto en juegos iniciados de todo el beisbol.

Por si todo esto fuera poco, la Fernandomanía seguía teniendo en las taquillas su reflejo más fiel: ese año, el equipo fue líder de la Liga con 3 millones 608 mil 881 boletos vendidos para entrar a Dodger Stadium.

Los números y el fenómeno social que los acompañaban pavimentaron el camino para que, a través de un proceso de arbitraje, MLB ordenara a los Dodgers cubrir las aspiraciones económicas del mexicano. Para la temporada de 1983, Fernando Valenzuela se convirtió en el primer deportista profesional de la historia de Estados Unidos en ganar un millón de dólares de salario.

Million dollar man y play offs 83 y 85

Con récord de 91 ganados y 71 perdidos, los Dodgers volvieron a la postemporada en 1983 pero fueron derrotados 3 juegos a 1 por los Philadelphia Phillies en la Serie de Campeonato. Valenzuela ganó el juego 2 de la serie, lanzando 8 entradas y permitiendo sólo una carrera.

Los números del mexicano en la temporada regular fueron los siguientes: 15 ganados, 10 perdidos, por primera vez su efectividad en una temporada fue de más de 3.0 (finalizó con 3.75), inició 35 partidos, completó 9 y en 4 ocasiones no permitió carrera alguna, tuvo un total de 257 innings lanzados, 99 bases por bolas y 189 ponches.

1984 fue la primera temporada perdedora para los Dodgers en la era Valenzuela (79 ganados, 83 perdidos, para finalizar cuartos en la División), en buena parte debido a que en lo individual, Fernando ganó 12 y perdió 17 juegos. El mexicano no tuvo un mal desempeño (cosechó un aceptable promedio de carreras limpias de 3.03 y tuvo la que hasta esa fecha era su mayor cantidad de ponches, con 240), pero el apoyo de la ofensiva fue escaso, apenas 3.02 carreras por partido, y en 20 de sus 34 salidas, el equipos anotó 3 carreras o menos.

Para 1985 Valenzuela por primera vez tuvo apoyo de otro brazo dominante en la rotación de los Dodgers, el joven de tercer año Orel Hershiser y juntos llevaron a la novena angelina de vuelta a la postemporada (Valenzuela 17 ganados, 10 perdidos; Hershiser 19 ganados, 3 perdidos), además del aporte de Jerry Reuss y Bob Welch, con 14 ganados por cabeza.

Los Dodgers terminaron esa temporada con récord de 95 ganados y 67 perdidos y con el primer lugar de división.

En el artículo Something screwy going on here, firmado por Tony Castro y publicado en Sports Illustrated el 8 de julio de 1985, se detallan dos cosas que bien podrían ser constantes en la carrera ligamayorista de Valenzuela: su voluntad de ayudar al equipo en cualquier manera posible y el poco apoyo ofensivo que recibía y que para entonces ya era cosa regular y motivo de comentarios en toda la liga.

“Valenzuela y su compañero zurdo Steve Howe fungieron como bat boys de los Dodgers por dos innings, estuvieron sentados en las sillas designadas para ese fin afuera del dugout y fueron una y otra vez al home plate a recoger bates.

“La explicación de Valenzuela horas después: ‘Quiero hacer cualquier contribución que pueda para ayudar al equipo’.


“El honesto sentido del humor de Valenzuela es una de las pocas maneras en las que los Dodgers pueden sonreír a pesar de la frustrante temporada que tienen a la fecha. Ha sido particularmente decepcionante para el joven de 24 años, Cy Young y Novato del Año de 1981, para quien la transición de fenómeno a estrella consolidada ha sido puesta constantemente a prueba por una larga cadena de mala suerte.

“Es el as de la rotación, probablemente el mejor lanzador zurdo de todo el beisbol, pero difícilmente se puede decir eso si se ve su récord. Estuvo muy por debajo de .500 el año pasado (12 ganados y 17 perdidos) y ha estado batallado mucho para alcanzar el .500 esta temporada. Desafortunadamente, cuando Valenzuela sube al montículo, los bateadores de los Dodgers frecuentemente se toman el día libre. El bromista Valenzuela ha podido mantener el ambiente ligero. Cuando la cosa llegó a su peor punto, se le preguntó a Valenzuela si recordaba la última vez que sus compañeros habían anotado seis carreras de respaldo para él: ‘Me dieron cinco en San Diego y una en San Francisco. Eso suma seis carreras’”.


Por si hicieran falta los detalles, Castro prosigue:

“Valenzuela fue el pitcher del mes de abril en la Liga Nacional. Abrió la temporada con una seguidilla de 41 innings y un tercio sin permitir carrera limpia, rompiendo el récord impuesto por Hooks Wiltse hace 73años, y tuvo una efectividad de 0.21 en ese mes. Sombras de abril de 1981, cuando el novato Valenzuela ganó sus cinco primeras salidas (cuatro por blanqueada) y tuvo una efectividad de 0.20. Pero el deja vú se detiene aquí. El récord de Valenzuela en este abril fue de 2 ganados y 3 perdidos, lo que lo convirtió en el primer pitcher en ser nombrado lanzador del mes con récord perdedor. Los Dodgers anotaron sólo ocho carreras en sus cinco aperturas, cinco de ellas en un mismo encuentro. La misma historia del año pasado cuando el equipo anotó dos carreras o menos en 18 de sus 34 aperturas. Y la cosa sigue.

Su record este año es de 7 ganados y 8 perdidos a pesar de que el propio Valenzuela siente que está lanzando su legendario screwball tan bien como en su año de novato. ‘Si soy un mejor pitcher del que era en 1981, y creo que lo soy, es por mi control’, dijo.

“Algunas de sus derrotas este año han sido particularmente duras de enfrentar, Valenzuela lanzó un juego de dos hits pero perdió 1 carrera a cero cuando el jardinero de los San Diego Padres Tony Gwynn pegó un jonrón en la novena entrada. Al caminar hacia el dugout, Valenzuela primero agradeció la ovación que el público le regalaba con un saludo con su guante. Dos pasos después, justo en el borde del dugout, aventó su guante y su gorra en la banca”.


Ante este complicado panorama, Valenzuela (justo como lo hizo años atrás cuando su dominio era total y el beisbol entero estaba a sus pies) mantuvo la serenidad. Tony Castro de nuevo:

“‘Yo sé quien soy,’ dice Valenzuela. ‘Pero algunas veces me pregunto si el Fernando Valenzuela que la gente cree que conoce es el mismo Fernando Valenzuela que yo conozco. Supongo que hay gente que espera que tenga arranques de ira o que diga cosas (del tipo de cosas que dices cuando estás frustrado y de las cuales después te arrepientes) pero yo no soy así. No disfruto cuando perdemos, y quiero ganar cada vez que lanzo. Pero no estoy tan consumido por la idea de ganar que crea que es una cuestión de vida o muerte’”.

Al final de la temporada, Valenzuela se las arregló para tener un récord de 17 ganados y 10 perdidos (el equipo terminó anotando cuatro carreras o más en 19 de sus 35 aperturas), un excelente promedio de carreras limpias admitidas de 2.45, 14 juegos completos, 5 blanqueadas, 101 bases por bolas y 208 ponches. Y terminó quinto en la votación por el premio Cy Young y número 23 en la del Jugador Más Valioso.

En playoffs los Dodgers se encontraron con los St. Louis Cardinals: Fernando se hizo cargo de la loma en el primer juego y una vez más confirmó su calidad de as. En 6 entradas y un tercio permitió sólo una carrera limpia, siete hits, 2 bases por bolas, ponchó a 6 enemigos y se apuntó la victoria, 4 carreras a 1, venciendo al también legendario John Tudor.

Orel Hershiser derrotó a Joaquín Andujar en el juego 2 y los Dodgers parecían enfilarse a otra Serie Mundial, pero los Cardinals tenían otros planes.

Bob Welch fue derrotado, ya en Busch Stadium, y la serie estaba 2-1. En el cuarto juego la ofensiva de los pájaros rojos tundió a Jerry Reuss, Rick Honeycutt, Bobby Castillo y Carlos Díaz con 12 carreras para empatar la serie.

En el juego 5, Valenzuela tiró 8 entradas permitiendo sólo 4 hits pero regalando 8 bases por bolas, le hicieron dos carreras limpias y dejó el juego empatado. Tom Niedenfuer lo relevó en la novena y luego de sacar a Willie McGee con un elevado a tercera base, Ozzie Smith le conectó un jonrón que terminó el encuentro y los Cardinales le dieron la vuelta a la serie. Valenzuela se fue sin decisión.

De vuelta a Dodger Stadium nuevamente Tom Niedenfuer sucumbió ante la ofensiva roja y permitió tres carreras en la novena entrada (tirando a la basura seis excelentes entradas lanzadas por Orel Hershiser) y los Cardinals avanzaron a la Serie Mundial.

martes, 22 de septiembre de 2009

Fernandomanía III



Juan Carlos Plata



La veneración de la que era objeto Valenzuela, no sólo en Los Angeles sino en todo Estados Unidos, era total, pero la cosa no fue completamente dulce, como lo explica nuevamente Jim Kaplan en su artículo Epidemic of Fernando Fever.

“A causa de que Valenzuela hablaba a través de un intérprete y no revelaba mucho de si mismo, algunos reporteros lo describían en una sola dimensión. Algunos hacían creer a sus lectores que su vocabulario en inglés se limitaba a: sí, no, televisión, comida y cerveza. ‘Se pasea pomposamente por el montículo como un general mexicano’, escribió un reportero. Otros ejemplos: ‘El apodo de Valenzuela debería ser Pancho’ o ‘Tal vez sufre una sobredosis de burritos y cerveza’. Tal vez el ejemplo más claro de este tipo de cobertura mediática fue la caricatura del Herald Examiner que mostraba a Valenzuela vestido como torero lidiando a un toro con la leyenda ‘Bateadores de la Liga Nacional’. Periodistas mexicoamericanos e hispanoparlantes se quejaron de ese tratamiento al pitcher mexicano, argumentando que se basaba en estereotipos y no en información.

“‘Fernando es muy agradecido con los medios de comunicación, incluso cuando le hacen burla. Él sabe que pueden llegar a ser fríos e hirientes pero que también pueden ser lo opuesto. También lo han tratado con mucho cariño. Fernando es muy tímido, pero quiere aprender a hablar inglés; ha estado escuchando casettes y su pronunciación es muy buena’ dice Antonio De Marco, agente de Valenzuela.

“A pesar de que habla y entiende cada vez más el inglés, Valenzuela insiste en usar un intérprete porque no quiere ser malinterpretado”.


Luego de su primera derrota en Grandes Ligas, en su salida número 10 de la temporada –contra los Cinncinati Reds- se fue sin decisión luego de tirar 8 entradas completas, permitir 5 carreras (4 limpias) y dejar el juego empatado (los Dodgers ganarían el juego 9 a 6 en 10 entradas).

Volvió a perder en su salida 11, frente a los Atlanta Braves y su efectividad empezó a tomar niveles humanos, sin dejar de ser muy buena: 1.89. Consiguió su victoria 9 en casa también frente a los Braves, perdió en casa de los Chicago Cubs el 6 de junio (en la que fue su peor salida de la temporada: apenas 3 entradas y un tercio de labor, 6 hits, 2 jonrones, 7 carreras limpias, 3 bases por bolas y 4 ponches, lo que disparó su efectividad a un normal 2.45 y dejó su récord en 9 ganados y 3 perdidos.

El 11 de junio en el Busch Stadium de San Luis, Valenzuela volvió a caer, esta vez 2 carreras a 1, con una actuación más que aceptable: 7 entradas, apenas 3 hits, 2 carreras limpias, 3 bases por bolas y 9 ponches.

Es difícil determinar si lo que sucedió a continuación afectó o le dio un benéfico respiro al ya entonces mundialmente conocido “Toro de Etchohuaquila”: el 12 de junio la Unión de Jugadores de Grandes Ligas se puso en huelga por primera vez en la historia con la temporada en desarrollo. Fernando por primera vez se enfrentaba a un enemigo al que no podía dominar con su screwball o su wind up con mirada al cielo incluida.

Las razones de la huelga
Los dueños de los equipos de Grandes Ligas, a quienes la Unión de Jugadores les había prácticamente arrancado la nueva norma de agentes libres, pelearon en tribunales por obtener una compensación –un jugador con experiencia de Grandes Ligas en lugar del prospecto de Ligas Menores que la regla establecida en 1976 mandaba- por perder a un jugador mediante la agencia libre. La Unión rechazaba la propuesta por considerar que dicha compensación devaluaría el concepto de agencia libre.

A pesar de que fue una huelga organizada por los jugadores, la opinión pública culpó a los dueños. La portada Sports Illustrated del 22 de junio de 1981 muestra en primer plano un guante de beisbol con una pelota y al fondo se ven las tribunas vacías del Yankee Stadium y titula en letras capitales: Huelga (el término del inglés para huelga es strike, por lo que la portada resulta un juego bastante beisbolero de palabras. Nota del metiche). El abandono que los dueños provocaron.

Ya en interiores, el artículo No games today de Jim Kaplan describe el conflicto de esta manera:

“Esta es una lucha en la que los trabajadores buscan preservar el status quo y evitar la huelga, mientras que los jefes buscan un cambio radical y ordenan un abandono del lugar de trabajo. Los dueños y los jugadores nunca se encontraron cara a cara, sólo lo hicieron sus representantes. Las negociaciones se volvieron no-negociaciones. El comisionado del beisbol le dijo al mundo que sus palabras no tienen significado y que su autoridad es una broma. El juez Henry Werker estaba en lo correcto cuando usó las palabras Play Ball al dictaminar en contra de la petición de aplazamiento de huelga hecha por la Oficina Nacional de Relaciones Laborales. En juego se convirtió en fuera de juego y viceversa (aquí otro juego de palabras: en juego, en inglés y términos beisboleros es fair, que en cualquier otro contexto –incluido el legal- significa justo o relativo a la justicia, y fuera de juego es foul, usado en otros contexto para falla o fallar. Nota del metiche.)

El 31 de julio de 1981 se llegó a un acuerdo, al final los jugadores aceptaron reservar la agencia libre para los jugadores con 6 años o más de servicio en Grandes Ligas y que los dueños recibieran la compensación de elegir entre una lista de jugadores dejados sin protección por el club que firmara al agente libre.

Las negociaciones fueran tan ásperas que el representante de la Unión de Jugadores, Marvin Miller y el negociador de los dueños, Ray Grebey se negaron a posar para la clásica foto de la paz.

El saldo de la huelga fue el siguiente: 713 juegos cancelados (38 por ciento del calendario regular). Pérdidas económicas estimadas en 146 millones de dólares (entre sueldos de jugadores, venta de boletos, derechos de transmisión y derechos de venta).

El acuerdo incluía reiniciar la temporada el 9 de agosto con el Juego de Estrellas (originalmente agendado para el 14 de julio) en el Municipal Stadium de Cleveland, y un día después con actividades normales.

Luego de la reanudación, en 17 de los 24 estadios la venta de boletos disminuyó considerablemente. Los Angeles fue la única ciudad en la que el fenómeno fue a la inversa. Otra vez Fernando.

Fernando el estrella
Había pocos (o ningún) argumentos para negarle a Valenzuela la apertura del Juego de Estrellas y nadie se atrevió a poner uno sobre la mesa. Fernando inició por la Liga Nacional, por la Americana lo hizo Jack Moris.

Valenzuela tiró sólo una entrada: Rod Carew abrió con un infieldhit a la segunda y fue inmediatamente puesto fuera al intentar robarse la segunda; Willie Randolph pegó sencillo al jardín izquierdo; George Brett fue puesto fuera de pitcher a primera y Dave Windfield fue retirado en una rola a la tercera base.

La Liga Nacional terminaría ganando el encuentro 5 carreras a 4, con Vida Blue como el pitcher ganador.

Back to bussines
De regreso a la actividad, Valenzuela batalló para conseguir su siguiente victoria, en inusuales salidas cortas se fue sin decisión contra los Reds (4 entradas y un tercio) y contra los Braves (5 entradas), pero volvió a su forma habitual al lanzar 8 entradas y dos tercios en contra de los Cardenales (con 12 ponches y sólo 2 carreras limpias) para agenciarse su décima victoria de la campaña.

El 27 de agosto consiguió su triunfo 11 cuando volvió a tirar un juego completo y una blanqueada, esta vez contra los Cubs (sólo permitió 4 hits, ponchó a 10 y regaló 2 bases por bolas. El 1 de septiembre lanzó 10 entradas, permitió una sola carrera limpia, pero se fue sin decisión y 5 días después empató el record de blanquedas para un novato (7) –Irv Young en 1905, Grover Alexander en 1911 y Jerry Koosman en 1968, lo habían hecho antes-, al derrotar a los Cardinals con juego completo, 8 ponches y una base por bolas. Su récord era de 12 ganados, 4 perdidos.

Se fue sin decisión el 12 de septiembre contra los Reds; el 17 de septiembre impone nueva marca de blanquedas para un novato, con 8, y empata la marca de MLB (Russ Ford en 1910 y Reb Russell en 1913, sus antecesores). Su víctima: los Braves. Sus números: 9 entradas, 3 hits, 6 ponches y 2 bases por bolas. Su récord: 13 ganados, 4 perdidos.

En las últimas tres salidas de la temporada (contra Giants, Astros y Padres) Valenzuela lanzó 6, 7 y 8 innings, recibió 8 carreras limpias, dio 7 bases por bolas, ponchó a 18 enemigos y los Dodgers apenas lo apoyaron con 3 carreras. Tres derrotas consecutivas que abollaron un poco el récord del novato que finalmente quedó en 13 victorias y 7 derrotas.

El 4 de octubre terminó la temporada regular y los Dodgers tenían 63 ganados, 47 perdidos, el segundo lugar de la División Oeste de la Liga Nacional y un boleto a la postemporada.

Play Offs
Como era de esperarse, y como lo hicieron toda la temporada en momentos importantes, los Dodgers enviaron a Valenzuela a la loma en el primer juego de la Serie Divisional, para enfrentar al “Expreso de Refugio, Texas” Nolan Ryan (quien en su última salida contra los Dodgers, el 26 de septiembre había lanzado su quinto juego sin hit ni carrera) y a los Houston Astros.

El juego llevado a cabo en Astrodome fue un cerrado duelo de pitcheo. Valenzuela tiró 8 entradas completas (antes de ser reemplazado por un bateador emergente), permitió 6 imparables, una carrera limpia, regaló 2 boletos y ponchó a 6.

Dave Stewart lo relevó en la novena entrada y permitió un jonrón de dos carreras de Alan Ashby que dejó a los angelinos tendidos en el terreno y a Fernando Valenzuela sin decisión.

Los Astros ganarían también el segundo juego de la serie, los Dodgers ganarían el tercero y para el cuarto encuentro, volverían a darle la bola al mexicano que lanzó toda la ruta, permitiendo sólo 4 imparables y una carrera. Valenzuela dejaba la mesa puesta para que los Dodgers consiguieran su boleto para la Serie de Campeonato al día siguiente

El 13 de octubre los Dodgers iniciaron la Serie de Campeonato contra los Montreal Expos (quienes habían derrotado a los Philladelphia Phillies) en Dodger Stadium. Burt Hooton, Bob Welch y Steve Howe se combinaron para blanquear a los canadienses y al final los Dodgers se llevaron el juego 3 carreras a 0.

Al día siguiente Valenzuela sufriría de nueva cuenta de falta de apoyo (de hecho, de carencia absoluta de apoyo) y lanzando 6 entradas, permitiendo 7 hits y 3 carreras limpias “El Toro” se apuntó su primera derrota en postemporada. La serie estaba 1-1.

El tercer juego, ahora en el Stade Olympique de Montreal, fue para los Expos 4 carreras a 1; el cuarto para los Dodgers 7 a 1. Y de nuevo la pelota era para Fernando en el juego definitivo, el 19 de octubre.

Valenzuela se trenzó en un duelo de pitcheo con Ray Burris (entre los dos permitieron apenas 8 imparables y 2 carreras; Fernando lanzó 8 entradas y dos tercios, permitió apenas 3 hits, una carrera limpia, regaló 3 boletos y ponchó a 6 enemigos. Rick Monday hizo por la causa angelina con un jonrón solitario en la novena entrada y los Dodgers, otra vez de la mano de Valenzuela, tenían su boleto para enfrentarse (en una serie que iniciaría al día siguiente) a su némesis: los New York Yankees.

La Serie Mundial
Desde su estancia en Brooklyn, los Dodgers se habían encontrado con los Yankees en la Serie Mundial en 10 ocasiones (1941, 47, 49, 52, 53, 55, 56, 63, 77 y 78) con siete victorias para los del uniforme a rayas (con un juego perfecto en 1956 [Don Larsen] y un partido en que un hombre pegó tres jonrones en 1977 [Reginaldo Martínez Jackson]).

Ese año los Yankees habían derrotado a los Milwakee Brewers en la Serie Divisional (3 juegos a 2); y a los Oakland Athletics en la Serie de Campeonato de la Liga Americana (3-0).

Valenzuela no estaba disponible para abrir el primero de la serie por su labor en el juego decisivo de la Serie de Campeonato de la Liga Nacional, y LaSorda lo podría utilizar hasta el juego 3.

La serie inició el 20 de octubre en Yankee Stadium con Jerry Reuss enfrentándose a Ron Guidry, los Yankees ganaron ese juego 5 carreras a 3. Al día siguiente, el zurdo de los Yankees Tommy John derrotó a Burt Hooton, 3 carreras a 0 y con los Dodgers en la lona, la serie viajaba a la costa oeste. Valenzuela, nuevamente, estaba ante un momento decisivo para su equipo y para él mismo.

El 23 de octubre, Fernando Valenzuela trepó a la loma del Dodger Stadium con la misión de revertir el momento anímico. En la primera entrada Ron Cey le dio un poco de apoyo con un jonrón de tres carreras. Sin embargo “El Toro” titubeó en las entradas 2 y 3.

Bob Watson abrió el segundo asalto con jonrón por todo jardín central; Rick Cerone pegó un doblete al jardín izquierdo; Aurelio Rodríguez avanzó al corredor con fly de sacrificio y Larry Milbourne con sencillo al jardín derecho impulsó a Cerone.

En la tercera entrada, luego de ponchar a Dave Winfield, Valenzuela permitió un sencillo de Lou Piniella y luego de otro out, Rick Cerone pegó jonrón de dos carreras. Ante el inusual desempeño del sonorense Tom LaSorda fue a la loma para tratar de tranquilizarlo.

El propio LaSorda cuenta esa plática en el programa Perfiles de ESPN dedicado a Valenzuela:

“Junté todo el español que podía hablar y le dije: Si tú logras frenarlos en 4 carreras, nosotros ganamos este juego 5 a 4. Fernando me miró y me dijo en inglés: Are you shure?”

Después de esa visita Fernando sólo permitió 4 hits más, los Dodgers anotaron dos carreras más en la quinta entrada y la noche terminó con un screwball en cuenta de 2 bolas-2 strikes al que Lou Piniella hizo swing perdido. Valenzuela conseguía su primera victoria en Serie Mundial (sería la única de su carrera) y el destino de la Serie había girado 180 grados.

Steve Howe, Jerry Reuss y Burt Hooton seguirían los pasos del mexicano y derrotarían en juegos consecutivos a los Yankees (el último de ellos en la casa que Ruth construyó) y la temporada de la Fernandomanía sería coronada con un campeonato.

Además, días después de alzar el trofeo de la Campeones del Mundo Valenzuela fue nombrado Novato del año y le fue concedido el premio Cy Young (fue el primer jugador de la historia de las Ligas Mayores en conseguir las dos distinciones en un mismo año).

Sin importar lo que pudiera pasar después, la Fernandomanía había entregado sus primeros frutos tangibles (dos trofeos y un anillo de campeonato). El boleto a la inmortalidad había sido entregado mucho tiempo antes.