domingo, 21 de noviembre de 2010

El regreso más grandioso en la historia del beisbol (parte I)

-Días antes de enterrar para siempre la maldición del Bambino -y con ella 86 años de miseria y frustración para la Red Sox Nation- al ganar la Serie Mundial por primera vez desde 1918, los Boston Red Sox reescribieron los libros de historia al protagonizar el regreso más grandioso en la historia del beisbol, y lo hicieron (de todos los lugares posibles) en la “casa que Ruth construyó”. Aquí la historia.

Juan Carlos Plata

El artículo, firmado por Dan Shaughnessy, publicado en el Boston Globe del 17 de octubre de 2004 inicia así:

“Esta vez, los Red Sox realmente los preocuparon. Los Sox y sus aficionados tenían la certeza. Finalmente obligarían a una retirada de los Yankees. Los Sox eran mejores. Incluso los sabelotodos de Las Vegas hicieron favorito a Boston en la Serie de Campeonato de la Liga Americana.

“Pero los Red Sox fueron apaleados de manera insensata por esos malditos Yankees otra vez y el daño psicológico amenaza con derrumbar la fe de una Nación que ha sufrido por mucho tiempo.

“Anoche los Yankees despojaron a los Red Sox de toda dignidad, apaleando a seis lanzadores en ruta de una repulsiva victoria 19 carreras a 8 que les da una ventaja de 3 juegos a 0.

“Así las cosas. Por octagésimo sexto otoño consecutivo, los Red Sox no ganarán la Serie Mundial. Ningún equipo en la historia del beisbol se ha recuperado de un déficit de 3 juegos a cero y la más prometedora campaña de los últimos 18 años puede terminar oficialmente hoy. Por piedad”.


Apenas unas horas después, durante la práctica de bateo previa al cuarto juego de la serie, Kevin Millar, primera base de los Red Sox, se encontró con Shaughnessy en el campo y le dijo: “Todo lo que digo es: No nos dejen ganar esta noche, porque tenemos a Pedro (Martínez) mañana, (Curt) Schilling en el juego 6 y en el juego 7 todo puede pasar. Que nos manden a la cama hoy. No dejen que los Rex Sox ganen este juego”.

Millar –equipado con un micrófono inalámbrico- repitió el mismo mantra una y otra vez, a sus compañeros, a los periodistas y directamente a las cámaras de televisión: “No nos dejen ganar hoy. No den por muertos a los Red Sox. Si hay un grupo de idiotas –calificativo que el propio Millar usó para definir al equipo unas semanas antes- que puede hacer esto, somos nosotros. No nos dejen ganar hoy…”

Antes de salir del clubhouse para disputar el cuarto juego de la Serie de Campeonato de la Liga Americana de 2004, el propio Millar sirvió un trago de Jack Daniel’s para cada uno de los 25 hombres en el roster de los Red Sox, todos bebieron –cábala que se repitió en cada uno de los siguientes juegos de la postemporada- y, liderados por Millar, saltaron al campo en esa fría y húmeda noche en Boston.

17 de octubre de 2004
Juego 4: Boston sigue con vida
En la tercera entrada, Alex Rodríguez dio ventaja de 2 carreras a 0 a los Yankees con un jonrón por encima del Green Monster. En la quinta, los Red Sox contraatacaron y anotaron tres veces con sencillos remolcadores de Orlando Cabrera y David Ortiz.

Para la sexta entrada, Bernie Williams y Tony Clark con par de infieldhits empujaron las carreras que nuevamente le dieron la ventaja a los Yankees, 4-3. Así llegaron a la novena entrada.
De nuevo, la frustración. Los fantasmas de Bucky Dent, Billy Buckner, Aaron Boone, y sobre todo Babe Ruth, parecían pasear en Fenway Park.

Justo a la medianoche, Mariano Rivera –quien había conseguido 53 salvamentos en la temporada regular, pero que desde 2001 había perdido 7 oportunidades de salvamento contra los Red Sox en 22 oportunidades, contra el resto de la Liga sus números eran 14 en 170- subió al montículo para tratar de hacer los últimos tres outs, los que alargarían la Maldición del Bambino un año más. En el plato por Boston estaba Kevin Millar.

En cinco lanzamientos, Rivera otorgó la base por bolas. En el dugout de Boston, el manager Terry Francona buscó con la mirada a Dave Roberts -quien había llegado a Boston, procedente de los Dodgers justo antes de la fecha límite de cambios y que ese año se había robado 38 bases en 41 intentos- y le guiñó el ojo. “Fue mi forma de decirle: Ve por ellos, muchacho”, diría Francona después. Roberts sustituyó a Millar en la inicial.

Bill Mueller tomó su turno en la caja de bateo, pero Rivera estaba concentrado en mantener a la amenaza lo más cerca de la primera base. Reviró a la inicial tres veces consecutivas, Roberts tuvo que regresar de cabeza cada vez.

“Él estaba tomándose su tiempo. Aguantaba, aguantaba, aguantaba. Me pareció una eternidad. La última revirada estuvo muy cerca de ponerme fuera. Pero de pronto podía ver a la multitud pero no escuchaba nada”, diría Roberts al recordar la jugada.

En el primer lanzamiento que Rivera hizo al plato (un cutter alto y afuera para bateador zurdo) Roberts salió hacia la segunda base y se la robó por pocos centímetros.


Mueller tomó un strike antes de conectar el tercer lanzamiento de Rivera de rola por todo el centro del campo hacia jardín central que envió a Roberts al home para anotar la carrera del empate.
Jon Miller, comentarista de ESPN narró así la jugada:

“¡Swing! Rola por el centro, hit al jardín central. Aquí viene Roberts dando vuelta por tercera y anota la carrera del empate. ¡Boston sigue con vida!”


El empate persistió dos innings más y Manny Ramírez abrió la tanta de Boston en la décima segunda entrada con sencillo al jardín izquierdo, lo que trajo a David Ortiz a tomar turno sin outs. En cuenta de 2 bolas y un strike, el bateador designado, ya conocido como Big Papi, conectó una recta en la esquina de adentro, la hizo bolar por encima del barda de jardín derecho, terminó un juego de 5 horas y 2 minutos de duración y le dio a los Red Sox, cuando menos, un día más de vida.

Al día siguiente, Bob Ryan dijo en su artículo publicado en el Boston Globe:

“Espíritu. Un día después de que los Boston Red Sox se avergonzaran a sí mismos frente a sus fanáticos en un juego certeramente importante, los aficionados arribaron al parque razonablemente resignados de la inevitabilidad de un nuevo banderín de los Yankees. Sus demandas eran limitadas: “Por favor, muchachos, no se rindan. Hagan que los hijos de Darth Vader se lo ganen. Muestren un poco de espíritu”. Y ellos lo hicieron.

“Empataron el juego en la novena contra el “Señor Invencible”, Mariano Rivera, y lo ganaron en la doceava cuando David Ortiz, el definidor de juegos local, envió violentamente un lanzamiento de Paul Quantrill al bullpen de los Yankees con Manny Ramírez abordo para terminar el juego con una victoria de 6-4 y evitar lo que pudo ser una humillante barrida. Hay un juego programado para hoy a las 5:10 de la tarde. La temporada no ha terminado”

Dan Shaughnessy, el mismo periodista que pidió piedad para los Red Sox en el periódico de un día antes, escribió:

“Carlton Fisk en 1975 –en referencia al jonrón de Pudge en la Serie Mundial de ese año contra los Cincinnatti Reds-. David Ortiz en 2004. Las dos veces en el doceavo inning.

“Quédense con esos boletos para el quinto juego de la Serie de Campeonato de la Liga Americana de hoy en la tarde. Los dados por muertos Red Sox todavía respiran”

18 de octubre de 2004
Juego 5: “Johnny Damon puede seguir corriendo a Nueva York”
Esta vez los Red Sox anotaron en la misma primera entrada. Ortiz impulsó a Cabrera con sencillo al jardín derecho y luego, con las bases llenas, Jason Varitek recibió pasaporte y los Red Sox ganaban 2 careras a cero.

Pedro Martínez mantuvo a raya a los Yankees durante cinco entradas en las que sólo permitió una carrera, 3 hits (uno de ellos cuadrangular de Bernie Williams) y había regalado 3 bases por bolas. Pero en la sexta, con las bases llenas (Jorge Posada, infieldhit; Rubén Sierra, sencillo al central y Miguel Cairo, golpeado) Derek Jeter conectó un doblete al jardín derecho que vació las almohadillas y le dio ventaja a los Yankees, 4 a 2.

David Ortiz abrió la octava entrada con cuadrangular por encima del Green Monster ante los lanzamientos de Tom Gordon. Millar recibió pasaporte y de nueva cuenta Roberts tomó su lugar en las bases, Trot Nixon avanzó al corredor hasta tercera con sencillo al central, y ya con Mariano Rivera en la loma, Varitek trajo la carrera del empate con elevado de sacrificio al central. Extra innings otra vez.

Novena, décima, undécima, décima segunda y décima tercera entradas sin novedad, en la ruta del juego más largo en la historia de la postemporada.

El mexicano Esteban Loaiza –el último lanzador disponible de los Yankees-, inició la décima cuarta entrada ponchando a Mark Bellhorn e inmediatamente le dio base por bolas a Johnny Damon y repitió la rutina con Cabrera y Manny Ramírez. Al bat David Ortiz.

Diez lanzamientos –y un batazo que pasó a centímetros del poste de jardín derecho en zona de foul- después, Ortiz, con un sencillo de bate roto al jardín central, trajo a Damon con la carrera del gane.

Fue el tercer hit para terminar un juego de Big Papi en esa postemporada. El juego duró 5 horas y 49 minutos.

El comentarista de Fox Sports Joe Buck narró así el final del encuentro:

“Ortiz eleva al jardín central, hit, Damon está corriendo hacia el plato y puede seguir corriendo a Nueva York. Juego 6, mañana en la noche.”
Dan Shaughnessy resumió así la situación en su columna del día siguiente:

“Después de estar atrás tres juegos a cero y de la humillante derrota del juego 3, los Red Sox querían asegurarse de que los Yankees no ganaran el campeonato de la Liga Americana en el terreno sagrado de Fenway Park. Se las arreglaron para hacer más que eso. Tienen a los Yankees en huída y Schilling tendrá la pelota esta noche”.

3 comentarios:

Jochy soriano dijo...

Fue un año historia que no olvidare nunca. Que gozo

Jochy soriano dijo...

Fue un año historia que no olvidare nunca. Que gozo

eduardo españa dijo...

que bien amo a los red sox