lunes, 24 de mayo de 2010

Joe quiere verte

(Sólo un par de líneas de introducción: Morgan Ensberg es un ex jugador de Grandes Ligas, ocho temporadas con Astros y Yankees. Ahora mismo intenta conseguir un trabajo como analista de televisión, para, según dice, "enseñar al aficionado los detalles que se les pueden escapar". De su propio blog, morganensberg.wordpress.com, Beisbol en palabras toma prestado este texto, que es una verdadera joya. ¿Alguna vez se ha preguntado usted cómo se termina la carrera de un beisbolista? ¿Cómo se siente el tipo después de recibir la noticia? ¿Qué piensa un jugador de las preguntas de la prensa? Ok. Aquí, Morgan Ensberg responde).


Morgan Ensberg
publicado originalmente el 29 de abril de 2010 en morganensberg.wordpress.com

¡Ensberg! ¡Tú sigues!
Esas fueron las palabras de Mike Guillespie, mi coach en USC (Universidad del Sur de California).
Era nuestro primer juego en 1996. Jugábamos contra la Universidad de Nevada en Reno y yo estaba en la banca, pero estaba a punto de tener mi primer turno al bate en la temporada.

Mi corazón intentaba salirse de mi playera, pero respiré hondo y traté de relajarme.

Calma. Has tenido prácticas de bateo extra después de cada una de las prácticas del año. Has atrapado rolas extra cada día.

Nunca la has tenido fácil. Pero eres un tipo que encuentra una manera de ganar. Eres un tipo persistente. ¡Ahora es cuando cuenta! ¡Puedes hacerlo! Es la hora. Ésta es tu oportunidad, Morgan.

Dios, te necesito ahora. Gracias por esta oportunidad. Has continuado bendiciéndome aun cuando no lo merezco. Por favor, dame la calma y permíteme usar la habilidad que me has dado. Amén.

Me he preparado. Estoy listo.

Al momento de pararme en la caja de bateo no sentía el cuerpo. Pero en cuanto el pitcher empezó su movimiento hacia el plato todo quedó en silencio. ¡Aquí viene la pelota!

¡Contacto!

Cuando terminaba mi swing miré hacia el callejón de jardín derecho y central. Ambos jardineros se dirigían hacia la barda. ¡Vete pelota! ¡Vete!

¡Jonrón! ¡Lo hice! ¡Pegué un jonrón! Gracias Dios, por ayudarme a estar listo.

Morgan, Joe quiere verte
Esas eran las últimas palabras que yo quería escuchar cuando jugaba para los Tampa Bay Rays en la primavera de 2009. Ningún jugador quería que esa frase fuera pronunciada en el clubhouse. Si eres llamado a la oficina del manager, especialmente en el Spring Training, entonces algo anda mal.

Mientras entraba a la oficina, vi al manager de los Rays, Joe Maddon. Sólo pude ver a los otros dos coaches cuando ya estaba dentro de la habitación. Sentados del lado izquierdo de la pequeña sala estaban Tom Foley (coach de tercera base) y Dave Martínez (coach de banca). Joe estaba sentado detrás de un escritorio orientado de frente a la puerta y me estaba mirando directamente; se le veía con poco ánimo cuando me dijo que me sentara. Lo hice. Joe tenía las manos metidas en la bolsa delantera de su sudadera y estaba recargado a medias en su silla. No tenía su ánimo festivo habitual. Parecía más un doctor que tiene la terrible responsabilidad de decirle a alguien que un ser querido acababa de fallecer.

"Morgan, te estamos dejando en libertad".

Mi cabeza se cayó de mis hombros. Mi ritmo cardiaco se aceleró y empecé a sudar como pasa siempre que estoy nervioso.

"No creo que sea el fin de tus días como jugador, pero no tenemos un espacio para ti".
Asentí con la cabeza, haciendo tiempo para poner todo en su lugar. Trataba de pensar, pero todo lo que podía hacer era un esfuerzo para no sacarme el corazón por la garganta. ¡Piensa, Morgan! ¡No puedo! Las emociones me dominaban y entonces, repentinamente, la claridad.

La primera palabra que salió de mi boca fue un solemne: Wow. Más asentimientos con la cabeza. Perdí la claridad de nuevo. Sentía que todos en la sala podían ver que estaba tratando de mantenerme en una pieza.

Podía sentir el orgullo moviéndose y eso, para mí, es malo. Si hay algo que tienes que saber sobre mí, es que no me gusta el orgullo. Creo que el orgullo es egoísmo. Creo que el orgullo te bloquea para ver la verdad.

Algunas personas creen que el orgullo es una virtud. En este país el orgullo es glorificado. Es un zumbido utilizado en comerciales de televisión y en discursos patrióticos. Pero el orgullo no es bueno. Las personas que usan esa palabra con frecuencia confunden el orgullo con el honor. El honor es bueno. El honor inspira respeto. El honor es humildad. El honor te impulsa a buscar un estándar más elevado pero siempre respetando a la autoridad. Mi meta siempre ha sido el honor.

Ahí, sentado frente a Joe, le dije:

"Bueno, quiero agradecerle la oportunidad. Realmente fue muy divertido conocerlos. Ustedes son muy buenos con los muchachos que tienen aquí. Tienen algunos de los mejores talentos que yo haya visto y creo que les irá muy bien. Gracias por ayudarme con mis manos (apenas cuatro días antes, Joe sugirió que moviera mis manos en una posición diferente y súbitamente tuve seis hits en 15 turnos al bat). Fue grandioso conocerlos, muchachos".
Luego de esto, me levanté con una sonrisa, conteniendo las lágrimas, estreché las manos de cada uno y les di las gracias.

Caminé hacia el área de casilleros mientras me quitaba la playera. Los muchachos me preguntaron qué pasaba y les dije: “Me acaban de dejar en libertad”. Inmediatamente hubo “NOs” y “¿Estás bromeando?” Eso me hizo sentir bien. Pero yo estaba fuera.

Los chavos vinieron a estrecharme la mano y a pedirme mi teléfono. Realmente son buenos chicos y todos me desearon buena suerte. Yo suelo decirle a la gente que no creo en la suerte más allá de la lotería. Creo en el trabajo duro. Pero entendí sus mensajes. Sonreí y les dije a todos que yo estaría ahí si ellos necesitaban cualquier cosa.

Es mejor que tome mi guante
La única cosa que me importaba era tomar mi “guante de partidos” (“gamer” en el original. Nota del metiche). Es el guante que sólo uso en los juegos. Muchos jugadores tienen un guante para la práctica de bateo y su guante de partidos. Tener un guante de partidos no es una de las afamadas supersticiones del beisbol. Por supuesto, como la suerte, las supersticiones no existen en mi mente. Pero sentirse cómodo sí. Mi guante de partidos es cómodo. Conozco cada pulgada de ese guante. Mi guante de práctica de bateo eventualmente se convertirá en mi guante de partido el año siguiente, pero el guante de partido está listo ahora. Amo este guante. Siempre pensé: mientras yo tenga mi guante de partidos, tú puedes encargarte de todo lo demás. Por supuesto el manager del clubhouse empaca todas tus cosas y te da tu maleta hecha, pero yo siempre voy a llevar mi guante de partido conmigo.

No siento las piernas
Mientras dejaba el clubhouse pasé junto a un grupo de 10 periodistas japoneses que estaban ahí para cubrir al segunda base Akinori Iwamura. Apenas notaron mi presencia, yo no representaba nada para ellos porque, francamente, yo no soy japonés. Continué caminando con el sentimiento surreal de que esa era la última vez que salía de un campo de juego como jugador profesional. Entonces, a sólo un par de metros de la puerta del estacionamiento, escuché: ¡Morgan!

Demonios.

Yo no evado a la prensa. No finjo que no los escucho, porque eso ni siquiera se finge. Es una mentira. Entiendo que el reportero sólo está tratando de hacer su trabajo y detener a los jugadores para hacerles preguntas es parte de su trabajo. ¿Cómo podría hablar de honor si fingiera que no escucho a los reporteros cuando me hablan?

Me di vuelta y sonreí. Él tenía su grabadora en la mano y quería hacerme unas preguntas. Las respondí con optimismo.

“Sí, fue sorpresivo, pero todavía hay tiempo”, dije en el tono más animado del que fui capaz. Fue como tratar de poner cara de felicidad después de que tu perro ha sido atropellado. Sus preguntas continuaron durante unos minutos y finalmente fue todo.

Como siempre, me preguntó un montón de cosas que podrían ser fácilmente malinterpretadas por los fans al leer su artículo. Todo dependería de cómo el reportero haya interpretado mis respuestas y de cómo él escribiera mis opiniones para que los fans las interpretaran por ellos mismos. Pero realmente, él nunca me hizo preguntas, más bien me decía frases y esperaba a que yo reaccionara.

Ensberg (izquierda) durante el Spring Training
de 2009
con los Tampa Bay Rays

“Entonces, fue una sorpresa”, dijo el reportero.

Yo quería decirle:

“Sí, ¿tú crees? Hace siete minutos me despidieron. Tal vez todavía estoy muy dolido por el pinchazo. Es una porquería que tú quieras hacerme preguntas (que realmente no son preguntas) tan fuera de lugar como puedas para, posiblemente, tener la exclusiva de cómo ese tipo Ensberg parece un tipo sereno pero que pierde la cabeza cuando las cosas salen mal”.

Pero de alguna manera, me mantuve calmado. Reconozco que lo honorable hubiera sido responder las preguntas y dejar a un lado mi orgullo. Pude escuchar al ángel (más bien al Astro) cerca de mi hombro, Jeff Bagwell, diciéndome gentilmente al oído:

"¿Has pensado en ese reportero que, bien o mal, sólo trata de ser grandioso en su trabajo?"

Puedo respetar eso. Si él simplemente hace su mejor esfuerzo por ser bueno en su trabajo, entonces yo soy capaz de hacer mis emociones a un lado y tratar de darle las declaraciones más honestas que pueda.

“Bueno, todavía hay tiempo. Esto todavía no se acaba”.

Por supuesto, eso sólo abrió las compuertas. Por el rabillo del ojo vi al resto de los reporteros corriendo hacia afuera del clubhouse. Venían, literalmente, corriendo por una declaración.

Seamos honestos, eso pasa porque la industria de las noticias está tan intoxicada que presiona a los reporteros para no enfocarse en la historia objetiva que tienen encomendado cubrir, sino para alimentar el lado subjetivo y altamente emocional de los deportes, porque los fans quieren controversias. En mi experiencia, si un reportero obtiene algo controversial se convierte en el héroe del día. Especialmente si el periódico rival no tiene la nota, entonces sus jefes se quieren arrancar la cabeza porque les ganaron una nota que no tiene absolutamente nada que ver con el juego que sucede en el campo.

Uno puede ver la presión con la que los reporteros tienen que lidiar. Soy un convencido de que los periódicos presionan a los reporteros para que escriban cosas controversiales. No tengo ninguna duda.

(…)

La prensa japonesa
Los japoneses son fanáticos de sus estrellas. Cuando jugué para los Yankees Hideki Matsui tenía sus propias conferencias de prensa casi todos los días. Yo amaba a Hideki. Su locker estaba junto al mío. Los reporteros que merodeaban a nuestro alrededor siempre sonreían y cada vez que ellos llegaban yo trataba de aprender un poco de japonés.

Aprendí, por ejemplo, que “Ohiyo Gozaymas” significa “Buenos días” y se usa sólo con gente a la que realmente respetas. También aprendí una palabra que no tiene traducción al inglés: “Otskaresama”, que significa algo así como “Hicimos un gran trabajo hoy y trataremos de ganarles mañana”.

Siempre que camino por un clubhouse y veo un reportero japonés le digo: Ohiyo Gozaymas e inclino un poco la cabeza. Me gusta que sepan que los respeto.

(…)

Estaré en forma por un mes
Después de llamar a mi esposa, Christina, y darle las noticias, decidí regresar a casa. Ser dejado en libertad a tres días de que termine el Spring Training es lo peor que te puede pasar. Los equipos están cortando sus números y no necesitan sumar jugadores, necesitan restar. Pero con algo de suerte, pensé, algún equipo llamaría con una oferta de trabajo.

Cero.

Mi agente, Joe Sambito, escribió correos electrónicos a todos los equipos diciéndoles que había sido dejado en libertad y que me gustaría jugar incluso si era en categoría AAA.

Cero.

Ni uno. Ningún equipo llamó para pedirme jugar ni siquiera en AAA. Estaba devastado. No estaba lastimado. Debía haber algún equipo que necesitara un tercera base sano. Yo era un veterano de 33 años que nunca en su vida había estado en un equipo perdedor. Mi carrera incluía un campeonato nacional universitario y cuatro campeonatos de ligas menores. Carajo, fui el MVP de los Astros el año que llegamos a la Serie Mundial. Pero, claramente, yo no veía las cosas de la misma manera en la que los equipos lo hacían.

Después de todas las campañas ganadoras, yo pensaba que si había una cosa con la que yo contribuí en todos mis equipos, era la de fungir como “quimioterapia”. Tal vez mi mayor atributo era que evitaba que los jugadores se convirtieran en células de cáncer.

Pienso que si deseas que alguien de tu equipo juegue mal, eres un cobarde. Creo que si quieres que un compañero falle, debes mirarte en el espejo. Geoff Blum y Mike Lamb, dos tipos que juegan mi posición, todavía son amigos míos muy cercanos. Puedo decir honestamente que nunca desee que les fuera mal. Nunca comparé su desempeño con el que creía que yo podía tener. Llevé esa actitud a cada equipo en el que jugué. Y tal vez eso hizo alguna diferencia.

Hay una excelente película titulada Facing the giants. Kevin Edelbrock era nuestro párroco en la Capilla del Beisbol con los Astros y él me sugirió ver la película.

La Capilla del Beisbol es, básicamente, nuestra iglesia durante la temporada. Nuestros juegos del domingo son a la 1 de la tarde y usualmente llegamos al parque cuatro horas antes, así que no tenemos tiempo de ir a la iglesia, especialmente cuando estamos de gira. Pero la Capilla del Beisbol nos proveía de un pastor (sin importar si estábamos en casa o en gira) que nos daba un sermón de 15 minutos los domingos. Era una operación magnífica. No tenías que ser de una religión en particular para asistir.

Regresando a la película. El personaje principal, Grant, es un coach de un equipo de futbol colegial, su vida persona es mala, su trabajo es malo, su equipo es malo. En una escena, él va caminando por un pasillo de la preparatoria y ve que el pastor de la escuela toca cada locker y dice una plegaria para los estudiantes. El pastor lo mira y le dice: “Coach. Dios tiene un plan para usted. Deje que le cuente una historia. Eran dos campesinos cuyas tierras sufrían una dura sequía. El primer campesino no hacía nada, pero el segundo se levantaba temprano y araba su tierra. Cuando el primer campesino lo vio, le dijo: ‘No ha llovido desde hace años, ¿qué crees que haces?’ y el segundo campesino contestó: ‘Me preparo para la lluvia’”.

En el curso de mi carrera en el beisbol aprendí que cuando las cosas no salen como lo esperas, debes cambiar tu enfoque. No puedes controlar el desempeño de los otros tipos que juegan tu posición. Pero puedes “arar tus tierras”. Puedes trabajar en la jaula de bateo o ejercitarte en el gimnasio. Si eres pitcher, puedes practicar tu manera de agarrar la pelota y trabajar en pichadas que te ayuden a tener más éxito. Tener sesiones extras de atrapar elevados y rolas. Puedes prepararte para la lluvia. Cuando te llamen, entonces estarás listo. Y si la llamada no llega, sabrás que hiciste todo lo que pudiste para triunfar. Aprendí eso de que mi experiencia en la pelota universitaria y lo probé una y otra vez en mi carrera en el beisbol profesional. Siempre quise enseñarles eso a los jugadores jóvenes.

Saliendo del estadio
Mientras salía del estadio en Fort Myers, en la primavera de 2009, miré alrededor y vi a los reporteros japoneses y les grité: “Otskaresama”.

Como ya dije, la palabra no tiene traducción al inglés. Pero creo que significa “prepararse para la lluvia”.

3 comentarios:

Villarreal dijo...

Está muy chingón. Hasta para un pinche profano como yo. Me conmueve esa distinción entre orgullo y honor. Y me conmueve más darme cuenta que vengo a aprender cosas necesarias, urgentes, acá. Es cierto, en el beisbol hay una onda mística muy perra.
Gracias señor don Juan Carlos.
Un abrazote.

Juan Carlos Plata dijo...

Querido Señor Villareal:
A mi me da más gusto que se le encuentre tanto significado a las cosas que (en este caso) encuentro por ahí y creo de algún valor.
Pero más allá de los asuntos místicos, el beisbol es como cualquier cosa en la vida: esfuerzo, chingo de trabajo y honor (como bien dice Mr. Ensberg). El orgullo se los dejamos a los políticos y a los que se creen el centro del universo.
Salud por ese motivo.

renato dijo...

hermano felicitaciones por este maravilloso blog, muestra un lado de este amado deporte que quizas mucha gente desconoce,la mistica, la entrega, el honor que existe en un terreno de juego es unico y sin restarle meritos a otros deportes yo creo que el beisbol, mas que un deporte en si, es hasta una filosofia de vida y los que dicen que es aburrido son gente en verdad muy ignorante