miércoles, 5 de agosto de 2009

Cuando éramos pobres y felices III

(desde hace dos días he estado preguntándome cómo justificar mi güevonería, hasta que David Ortiz me dio un pretexto peridístico, gracias al Big Papi)

-Beisbol, esteriodes y cuentos de hadas musculosas

Juan Carlos Plata

El sábado 8 de agosto, David Ortiz dijo en conferencia de prensa que nunca compró o usó esteroides y atribuyó a los suplementos vitamínicos, legales en aquel entonces y ahora, su presencia en la lista. En la conferencia de prensa, Ortiz estuvo acompañado por Michael Weiner (quien se espera que tome el mando de la Unión de Jugadores) quien respaldó lo dicho por el Big Papi, dijo que no se puede saber qué sustancia tomó cada jugador por orden judicial.

El mismo día, MLB distribuyó un comunicado en el que básicamente desacreditó la famosa lista y dijo que hay por lo menos 13 peloteros cuyo nombre está en la lista que muy probablemente no hayan dado positivo en ese antidoping de 2003.

Cultura de los esteroides
Por cada jugador de beisbol que ha consumido esteriodes, en las gradas hay cientos de niños que toman Ritalín, cientos de adultos que toman complementos vitamínicos para mejorar su rendimiento sexual o laboral, cientos de mujeres que se inyectan botox o cosas más modernas para esconder sus arrugas, ¿todavía estamos en condiciones, como sociedad, de pedirle a los atletas que no usen sustancias para mejorar el rendimento?

La prensa especializada en beisbol ha abordado el tema desde casi todas sus perspectivas (quizá la excepción sea explicar con precisión cómo es que los esteroides ayudan a los jugadores a pegarle mejor a la pelota o para mantener sus lanzamientos en la zona de strike), hay quien sostiene que el asunto se volvió un problema hasta que los sagrados libros de récords se vieron amenazados por McGwire y Sosa en 1998 y por Bonds en el 2003, y a la postre obligados a registrar esos nombres.

Pero el problema no se extendió en el beisbol (y en todo el deporte profesional) de los años 80 en adelante, el problema es mucho más viejo de lo que se cree.

En su blog Only Baseball Matters, el escritor y especialista en temas de educación, John Perricone publicó un artículo en febrero de 2009 del cual citamos fragmentos:

"Escribí reiteradas veces que simplemente no puedo creer que los periodistas deportivos hayan recién descubierto que los atletas utilizan sustancias para mejorar su rendimiento. Dije varias veces que el único motivo por el que tenemos este escándalo en el béisbol, y en ninguna otra parte, es a causa del reciente asalto del venerado libro de records del béisbol...


"¿Cómo es que estos escritores deportivos esperan que les crea que no sabían lo que estaba sucediendo en el mundo de competición elite de atletas en las últimas cuatro décadas? ¿Cómo pueden pedirme que me enfurezca cuando la mayoría de ellos vio este problema desarrollarse, y esperaron casi tres décadas para empezar a sonar la alarma?"

Perricone va más allá y cita un artículo publicado en 1969 por la revista Sports Illustrated, firmado por Bill Gilbert, del que presentamos un extracto:

"… Luego de que se admitiera que la mayoría de los ciudadanos se drogan de vez en cuando, aún hay mucho camino para reclamar que en cuanto a la utilización de drogas, los atletas son distintos a nosotros. A pesar de ser jóvenes, sanos y activos especímenes, toman una cantidad y variedad de drogas extraordinarias.

"Las toman por propósitos discutibles, las toman en una situación de moralidad debatible, las toman en condiciones que van de lo peligrosamente experimental a lo fatal. El consumo de drogas -drogas legales- por atletas está lejos de ser algo novedoso, pero el incremento de consumo de drogas en los últimos 10 años es deslumbrante. De hecho, podría amenazar la tradición y la estructura del deporte.

"… '¿Acaso los esteroides anabólicos son utilizados por hombres de peso olímpico?', pregunta Dave Maggard retóricamente, quien terminó quinto en el lanzamiento de la bala en (los Juegos Olímpicos de) México (1968) y ahora es entrenador de pista de la Universidad de California. 'Déjenme ponerlo de esta manera. Si hubieran entrado a la villa olímpica el día antes de la competencia y hubieran dicho que acababan de encontrar una nueva prueba que detectaría el consumo de esteroides, hubiera habido muchísimos atletas quitándose de los eventos a causa de las píldoras de musculatura instantánea'.

"… Hay rumores abundantes en torno a mariscales de campo, lanzadores, boxeadores medianos, corredores y luchadores. De todas maneras, es una cuestión de motivación y moralidad lo que constituye en núcleo del problema de las drogas. Aunque ni uno sólo de los rumores pudiera ser reducido a hechos probables, hay evidencia que demuestra que el consumo de drogas constituye un dilema significativo, no tanto para atletas individuales sino para el deporte en general. Un motivo es que el uso de drogas en el deporte lleva directamente a cuestiones más serias y complicadas. ¿Acaso la integridad atlética es un tema de interés público? ¿Es de importancia que los partidos sean jugados en una atmósfera de virtud, y hasta justicia? De lo contrario, cuál es la utilidad social de los partidos, ¿Por qué jugarlos realmente? Estos temas dan a luz cuestiones tan pegajosas acerca de los fundamentales del deporte que uno puede comprender la reacción instintiva de los establecimientos atléticos: cuando se reduce a las drogas, ignoran, rechazan y se dan vuelta.

"… Dejando de lado las cuestiones éticas por el momento, hay motivos evidentes por los que los atletas usan drogas. El más evidente es que hay más drogas disponibles estos días para consumo diario de las que había en el pasado. Más allá de esto, se nos vende drogas empíricamente porque las hemos probado y disfrutamos los resultados. El marketing y la promoción nos han vendido las drogas de manera subliminal. Generalmente hemos aceptado sin sentido crítico el mensaje central de este discurso persuasivo: las drogas son buenas para ti.

"… Estos días es un reflejo cultural el ir en busca de un antiinflamatorio, una cápsula o una inyección si uno tiene fiebre, dolor, náuseas, congestión, irritabilidad, obesidad, o cualquier otra enfermedad.

"Sería sorprendente si los atletas no fueran influenciados por las mismas tendencias que nosotros. Un ejemplo de cómo la ambición atlética, ambición o ignorancia a un nivel sub-médico, puede resultar en lo que puede ser llamado una dudosa práctica de drogas, se dio hace un par de años en un campamento de entrenamiento de los San Diego Chargers. La historia fue relatada por Dave Kocourek, ahora un ala ofensiva para los Oakland Raiders:

"'Creo que este negocio de esteroides debe haber comenzado con los Chargers en 1963. Un muchacho que recuerdo quedó involucrado fue Howard Kindig. Llegó a nosotros altamente recomendado como centro y linebacker de Los Angeles State. Era muy veloz y querían que subiera de peso, por lo que, en adición a utilizar el programa de peso utilizado por nuestro entrenador, Alvin Roy, le empezaron a dar Dianabol y subió como 30 libras'.

"… 'Un par de píldoras -tomo varias- y el dolor se va', dice Dennis McLain de los Tigres de Detroit. McLain también se da inyecciones, o al menos se dio una inyección de cortisona y de Xylocaina en su hombro previo al sexto juego de la Serie Mundial de 1968 -el único partido que ganó de tres intentos-. En la misma Serie, que por momentos parecía ser un enfrentamiento entre Detroit y los dorgadictos de San Luis, el Cardenal Bob Gibson estaba tomando pastillas para relajar su hombro. El héroe de la serie de los Tigres, Mickey Lolich, estaba tomando antibióticos.

"… 'Ocasionalmente utilizamos Dexamyl y Dexedrine; también usamos Seconal, Tuinal, Nembutal. Antidepresivos, Triavil, Tofranil, Valium. Pero no creo que el consumo de drogas sea prevalente en el Medio-Oeste como lo es en la Costa Este', dijo el doctor IC Middleman, quien, hasta su muerte en septiembre del año pasado, era cirujano del equipo de los Cardenales de San Luis."

Hasta aquí lo escrito y publicado por Bill Gilbert (vuelvo a recordarles, en 1969. El artículo completo de Gilbert está disponible, en inglés, en la siguiente dirección electrónica: http://sportsillustrated.cnn.com/vault/article/magazine/MAG1082543/1/index.htm).

Acerca del artículo de Gilbert, Perricone reacciona de la siguiente manera:

"¿Cómo puede ser que un artículo de 5 mil palabras, que fue publicado en Sports Illustrated -que en 1969 se trataba de la publicación de mayor importancia en aspectos deportivos en América- no haya sido notado?

"Claro que fue notado. A tal punto que el consumo de drogas continuó, floreció y se trataba de una reconocida parte del mundo deportivo. Y nadie escribía al respecto, nadie hablaba al respecto, nadie hizo nada".

Y continúa:

"En ese tipo de ambiente, eventualmente, las drogas iban a funcionar. Tenemos una NFL en la que los corredores son igual de grandes que los linieros ofensivos de equipos campeones de apenas una década atrás. Tenemos jugadores de béisbol más grandes que los linieros ofensivos. Tenemos atletas gigantes, porque los programas de entrenamiento, junto con los impresionantes avances en medicina deportiva funcionan. El mantra, ganar a toda costa, no es un slogan para una bebida deportiva. Es el agua en la que esos hombres y mujeres nadan:

"… El tema fue analizado por Hal Connolly, un veterano de cuatro equipos olímpicos estadounidenses.

"'Mi experiencia', dice Connolly, 'me dice que un atleta utilizará cualquier ayuda para mejorar su actuación al borde de matarse'.

"Pero antes de que empiecen a preocuparse por salvar a los niños, dejemos algo en claro. Hay algo de bueno en todo esto: ¿Quieren saber qué? Piensen en los deportes como en la NASA del cuerpo humano. Todos sabemos acerca de los avances en el programa espacial que influenciaron en nuestras vidas diarias. Se están haciendo avances en salud para personas no atléticas que proveyeron del deporte, incluyendo avances en entrenamiento de peso, técnicas de cirugía, y tratamientos de drogas. El mundo deportivo ha sido un gigantesco experimento químico las últimas cuatro décadas y cualquiera que haya asistido a una facilidad de medicina o a un gimnasio, o a un GNC, puede ver los resultados.

"Todos queremos ser mejores, y estamos dispuestos a hacer lo imposible por lograrlo. No hay nada de nuevo en eso. Es parte y parcela de ser un americano, y la influencia de América es global. En el mundo del deporte competitivo, el fin siempre justifica a los medios. Utilizar potenciadores de rendimiento es tan sólo una de las maneras en que los atletas se ubican frente al mal."

Con este contexto, el argumento moralino que nos hace llamar "tramposos" a los consumidores de esteroides (y que orilla a los jugadores a asumir actitudes de retrasados mentales -de las cuales son totalmente responsables-) tiende a desvanecerse.

Todos sabíamos que los esteroides existían, todos los usamos, todos estuvimos de acuerdo -o nada pudimos hacer- cuando el beisbol profesional (no sólo en Grandes Ligas, también en Latinomérica, probablemente la excepción sea Japón y Corea y ahí están los resultados del Clásico Mundial para probar que nosotros éramos los equivocados) se volvió cada vez más jonrones y menos beisbol.

El púlpito de virtud y justicia al que hoy todos (periodistas, aficionados, dueños, etcétera) se suben para enjuiciar a los jugadores (que, repito, no son ni víctimas ni inocentes) está construido por las mismas mentiras que obligaron a esos jugadores a inyectarse químicos en un intento de ser mejores, ganar campeonatos, poner mejores números y hacer más dinero (y además, los jugadores no son los que más dinero ganaron por las regalías de la Era de los Esteroides).

El juego tiene que cambiar porque las condiciones (políticas, sociales, e incluso físico atléticas) ya no son las mismas, pero la solución no es regresar a los viejos tiempos (que como aquí se ha mostrado, tampoco son tan inocentes y felices como nos quieren hacer creer). ¿Es necesario? Sí. ¿Va a suceder? Muy probablemente no. Por más que el juego nos convierta de nuevo en niños impresionables cada vez que algo mágico sucede en el terreno de juego, no podemos ser tan cándidos como para creer que la vida es como el juego de beisbol (y aquí aclaro, me refiero sólo al juego, no a sus protagonistas). No otra vez.