jueves, 23 de julio de 2009

Roy Hobbs, una y otra vez

Juan Carlos Plata

¿Quién es Roy Hobbs?

Para efectos prác
ticos Roy Hobbs nunca existió. El beisbol, este deporte obsesionado con las estadísticas, no registra por ningún lado un turno al bate, una entrada lanzada, ni siquiera una entrada jugada a la defensiva o una participación como corredor emergente bajo ese nombre.


Aun así, Hobbs es uno de los símbolos más importantes del beisbol, es la personificación (así sea solamente cinematográfica) de la magia que envuelve a este deporte y de que lo imposible a veces se pasea en este mundo tan supuestamente necesitado de lógica.


Roy Hobbs es esa pequeña parte del corazón que todavía no es alcanzado por los esteroides. Es la sorpresa, es la anécdota que contarás por muchos años, es el momento que se queda congelado en la memoria. Es el momento que, si te lo perdiste, jurarás por tu madre que sí lo viste.


Roy Hobbs significa que, apretando los botones adecuados, todos podemos volver a ser los niños impresionables que fuimos alguna vez.


Roy Hobbs significa que el mundo todavía puede ser maravilloso.

The Natural
Personificado por Robert Redford,
Roy Hobbs es el protagonista de The Natural (película de 1984, dirigida por Barry Levinson).


Hobbs es un típico chamaco gringo, hijo de campesinos del medio oeste cuyo talento natural para lanzar humo y batear truenos le vale una prueba con los Chicago Cubs. En una parada del viaje en tren se da el lujo de ponchar con tres lanzamientos a The Whammer, una representación de Babe Ruth interpretada por Joe Don Baker, anécdota que será presenciada y convertida en leyenda por el periodista Max Mercy (Robert Duval).


Luego de la proeza, Hobbs es abordado por la viuda negra Harriet Bird (Barbara Hershey) quien nomás llegando a Chicago cita al prospecto en su habitación de hotel nomás para pegarle un tiro en el costado.


16 años después, Hobbs reaparece en el beisbol como refuerzo para los New York Knights. "A tu edad los jugadores se retiran, no debutan", son las palabras de aliento de su nuevo dirigente.


Luego de bajarle a la novia a ni más ni menos que al personaje de Michael Madsen (si hubiera visto Perros de reserva seguramente lo habría pensando mejor), convertirse en la estrella del equipo y llevar a la novena neoyorkina a la antesala del campeonato, a Hobbs se le abre la herida del balazo aquel y termina en una cama de hospital.


El dueño del equipo en vez de conformarse con ganar prefiere invertir todos su ahorros en apostar en contra de los Knight e intenta sobornar a Hobbs para que se quede en su cama de hospital y no juegue el partido contra los Piratas de Pittsburg que decide el campeonato de la Liga Nacional. Como sería de esperarse, Hobbs no acepta y se presenta al juego con la herida sangrante.


Con el juego 2 carreras a cero favor Pittsburg en la parte baja de la novena entrada, con dos outs y hombres en tercera y primera, Hobbs viene a batear. Con cuenta de dos bolas y dos strikes y una herida cada vez más dolorosa, conecta un jonrón por todo jardín derecho que destroza las lámparas del estadio y recorre las bases con efectos de fuegos artificiales.


Los Knights van a la Serie Mundial y el mundo del beisbol tiene a su más significativo héroe cinematográfico.


(Kirk Gibson ve como la pelota vuela hacia jardín derecho el 15 de octubre de 1988)


Roy Hobbs en Dodger Stadium. 15 de octubre de 1988
Cuando Kirk Gibson llegó a su locker luego del primer juego de la Serie Mundial, encontró un pedazo de papel pegado encima de la placa de su nombre. El papel decía con grandes letras negras: Roy Hobbs.


Minutos antes, Gibson (que había liderado a un equipo de los Dodgers francamente mediocre hasta la Serie Mundial para enfrentarse a los poderosos Oakland Athletics, que estaba lastimado de las dos rodillas y por ello no había podido jugar el partido) se había enfrentado, como bateador emergente, a Dennis Eckersley (el pitcher cerrador más dominante de la época).


Con su equipo perdiendo por una carrera, con un corredor abordo y con cuenta de tres bolas y dos strikes, Gibson recordó las palabras del scout del equipo angelino, Mel Didier: “Si enfrentas a Eckerley y llegas a cuenta de 3 bolas y 2 strikes, te va a tirar un slider a la parte de afuera del plato”.


Sin fuerza en las piernas, apenas con el impulso de los brazos, Gibson conectó el slider de la profecía, lo depositó en los bleachers detrás de la barda de jardín derecho y cojeó alrededor de los bases en camino a la inmortalidad y a la leyenda.


El siempre elocuente narrador de los Dodgers, Vin Scully, tuvo que esperar más de un minuto para poder describir lo que acababa de suceder: “En un año que era sumamente improbable, lo imposible ha sucedido”.


Tal vez menos poético pero igual de descriptivo fue Joe Buck cuando por radio reaccionó así: “No puedo creer lo que acabo de ver, no puedo creer lo que acabo de ver. ¿Realmente está sucediendo?”


Walter Weiss, campo corto de los Athletics dijo luego del partido: "Caminé hacia los vestuarios como un zombi, volteaba hacia la pizarra para ver si era cierto lo que acababa de ver. Creo que no pude asimilarlo hasta semanas después".


Luego del épico episodio, los Dodgers sólo necesitaron de cuatro juegos extras (y de Orel Hershiser) para coronarse en casa de los Athletics.


(Manny Ramirez)


Manny Being Roy Hobbs.

Hobbs era un jovencito (y luego un casi anciano) campesino, Manny Ramírez es un dominicano criado en Nueva York a ritmo de merengue y reggeatón. Hobbs era elegante y correcto, Manny usa uniformes dos tallas más grandes de las necesarias y sus rastas impiden ver su apellido y parte de su número 99 en la espalda. Parecidos no son, pero estos dos personajes tenían una cita.


Ramírez llegó a jugar a Los Angeles el último día de julio de 2008. Luego de ayudar a revertir la Maldición del Bambino con dos campeonatos (2004 y 2007) con los Medias Rojas de Boston, Manny (asesorado, según dicen los enterados, por su agente, Scott Boras) quería deshacerse de su contrato con los Medias Rojas. Luego de una larga telenovela y para evitar mayor drama, los bostonianos lo enviaron a los Dodgers aceptando pagarle su sueldo por lo que restaba del año.


Mannywood había sido puesta en el mapa. El jersey número 99, las rastas falsas y los gritos de Manny! Manny! cada vez que se paraba a batear en Dodger Stadium se hicieron cosa común. Ramírez llevó sobre sus hombros a los Dodgers a la postemporada, pero no pudo evitar la derrota en la Serie de Campeonato contra los Phillies de Philadelphia.


Con apenas 40 juegos del calendario 2009 Ramírez fue suspendido por uso de sustancias prohibidas. Otro episodio de Manny Being Manny.


Apenas 11 juegos después de regresar de la suspensión 8y en su segundo encuentro en casa), el 20 de julio de 2009 Manny (para muchos el mejor bateador derecho de estos días en las mayores) tomaba su segundo turno al bate (en su primero había pegado un triple productor de dos carreras) cuando fue golpeado en la muñeca izquierda por una recta de 90 millas. Ramírez salió del juego y fue llevado a un hospital para realizarle estudios de rayos X. No hubo fractura pero no alinearía al día siguiente para evitar riesgos.


El boletaje del juego del 21 de julio se había agorado desde un mes antes, la razón: a los primeros 50 mil aficionados en llegar al parque se les regalaría un muñeco de Manny Ramírez, un bobblehead. La mercadotecnia no había previsto un festejo sin festejado.


Con el partido 2 a 0 a favor de los visitantes Cincinnati Reds en la sexta entrada, luego de dos bases por bolas y un sencillo el turno era para el pitcher Chad Billingsley. El manager Joe Torre volteó al interior del dug out y vio a Manny caminando de un lado para otro y lo llamó. Segundos después Ramírez, bate en mano, salió de la banca.


¿Roy Hobbs, otra vez?


No hubo mucho espacio para preludios: el primer lanzamiento (una recta de 96 millas en la parte baja del plato) luego de pasar por el swing asesino de Ramírez fue a caer justamente a la sección de asientos bautizada como Mannywood, atrás de la barda de jardín izquierdo.


“Si vieras algo así en el cine dirías: No, eso es estúpido, esas cosas no pasan. Regularmente soy muy tranquilo, pero cuando vi eso me sentí como un niño”, dijo el pitcher Randy Wolf luego del partido.


Russell Martin, que era el hombre en primera base dijo: “Es un hombre mágico, nunca había oído tanto ruido en el estadio”. Para Matt Kemp, el corredor que estaba en segunda base todavía no hay explicación: “no lo puedo entender, yo corrí las bases riéndome. Era una recta de 96 millas, no de 89 o 90, era un lanzamiento duro. ¿También puede hacer eso? Es una locura. Estoy sacudido”.


Lesionado de la mano, ante 57 mil personas que llenaron el estadio para verlo a él y de paso ver un juego de beisbol, Manny Ramírez fue Roy Hobbs.

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